miércoles, 27 de agosto de 2008

Homenajes en temporada de fiestas

El verano en el País Vasco es temporada de fiestas. Cada pueblo y ciudad tiene las suyas, a veces asociadas a un santo aunque no sé si siempre es así. Lo que sí sé, con lo poco que vi, es que forman parte de la idiosincrasia vasca; la gente las espera, las tiene presentes, las disfruta. Son parte de la agenda cultural, y también son definitorias del carácter del lugar.

En el puerto viejo de Algorta, en Getxo, en una de las jornadas de fiesta se hace la “noche de los pijamas”, siendo esta la vestimenta requerida para salir a la calle. En Vitoria-Gasteiz, la semana de fiestas comienza con la “bajada del Celedón”, un personaje de la ciudad que atraviesa la Plaza de la Virgen Blanca desde el campanario hasta un balcón mientras la gente canta, se fuma un puro o toma champán (aquí hay una descripción de la bajada, pero estos dos videos son un poco más ilustrativos.

Mi temporada de fiestas arrancó hace unas semanas en Arriagas. No sé si se puede llamar pueblo a esas pocas casas en la cima del monte a los pies de Erandio, y esa noche seríamos 100 personas, como mucho. El finde pasado fuimos a escuchar a Amaral durante la Aste Nagusia (semana grande), en fiestas de Bilbao. Éramos 40.000 y yo creo que luego, en la zona de fiestas (que estaba algo lejos del predio del concierto) habría unos cuantos miles más. La zona del Teatro Arriaga y la entrada al Casco Viejo estaban irreconocibles… donde solía haber calles ahora había una marea humana por la que apenas se podía caminar.

La fiesta en la calle se centra alrededor de las txosnas, grandes stands donde se pone música y se vende alcohol. Cada uno de ellos tiene una decoración particular, por lo general muy cuidada. El ambiente me hizo acordar a la Fiesta de la X, pero en este caso no había un predio cerrado sino que la gente estaba por todos lados, con lo que daba la impresión de que había más desorden, y sobretodo mucha más gente.

Entre la marea de gente y la lluvia que arrancó luego del concierto, no pudimos disfrutar mucho del ambiente de festejo, y al día siguiente volvimos más temprano para ver las txosnas a la luz del día.


La verdad es que muchas de ellas son todo un espectáculo, pero lo que más me sorprendió fue encontrar en una de las txosnas un homenaje a Fernando Morroni y Roberto Facal, asesinados en los incidentes del Hospital Filtro en 1994.


El afiche en la foto dice:

Los jóvenes uruguayos Fernando Morroni y Roberto Facal fueron asesinados por defender el derecho de asilo de los refugiados vascos.

Solidaridad País Vasco-Uruguay

¡Dos pueblos, una misma lucha!

¡No olvidaremos!

domingo, 24 de agosto de 2008

Puñales

La nostalgia, por lo general, no golpea.

  • Una llamada por un cumpleaños, cuando a la pregunta de "¿qué vas a hacer?" te responden con "lo mismo de siempre" (pero vos no estás...)
  • Una cara que te recuerda a otra, o de pronto ver un abrazo que te recuerda los que alguna vez recibiste.
  • Un concierto de La Vela (o de Pearl Jam, aunque este último no sea más que en DVD).
  • Un amigo de un conocido, que te hace pensar que allá, sería tal y como uno de tus hermanos.
No, la nostalgia por lo general no te golpea... más bien, te sorprende y te apuñala.


(Nota: no es que haya estado muy nostalgioso últimamente, aunque hay días y días. Más bien ésta es una colección de puñales a través del tiempo, que me pareció adecuado acumular y publicar en esta noche tan uruguaya de la nostalgia)

viernes, 22 de agosto de 2008

Vacaciones y más vacaciones

Desconecté, por fin, por unos días, para recargar pilas con los aires extremeños. Promesa de mucho sol y calor que por acá llevaban días de faltazo.

Me fui de vacaciones, pero les dejo las fotos de las penúltimas, un fin de semana largo en que aprovechamos para ir a Mundaka, un balneario cercano a la tristemente célebre Gernika, famoso entre otras cosas por sus olas (al punto que aquí se disputa una fecha del mundial de surf).

Fue un finde intenso y muy disfrutado, con el mejor baño de playa desde mi llegada (buenas olas al fin!), aunque para esa satisfacción de última hora ya no tenía cámara que lo atestiguara. Antes, salimos de fiesta, hicimos senderismo y piragüismo, viajamos en lancha de playa a playa, nos tostamos como cangrejos, y comimos unas pizzas caseras que estaban para chuparse los dedos. Ah, y también montamos en una vaca. Van a tener que ver las fotos si no me creen.

De Extremadura nos volvimos con 200 fotos y otra bolsa llena de vivencias que pronto estarán por aquí.

jueves, 14 de agosto de 2008

Los días se hacen cortos

A cada rato, el País Vasco nos demuestra que (es pero) no es parte de España, de muy diversas maneras. Durante los últimos días, en los telediarios (el viejo y querido informativo) abundan las noticias sobre incendios forestales, alertas naranjas y la ola de calor cercana (o superior) a los 40 grados. Mientras tanto, en Erandio llevamos 5 días (casi) sin ver el sol, con temperaturas otoñales y algún que otro sirimiri.

Pero no es sólo eso. Ya les dije que el tiempo escasea ahora que estamos a cargo del hogar, y encima esta semana viene con laburo intensivo. Cuestión que mis escasas salidas a la intemperie están siendo para comprar el pan o sacar la basura. Verdaderamente emocionante, como se podrán imaginar.

Pero bueno, mañana nos vamos de vacaciones y por una semana estaremos, finalmente, en pleno verano español. ¿O lloverá también en Hinojal?

lunes, 4 de agosto de 2008

Más paseos

Vengo con gran atraso en esto de contar las “movidas” de todos los días, o de todos los fines de semana. Debo fotos de traje y corbata, y también fotos playeras. El verano nos trae a las corridas, y ahora que estamos de amos de casa (increíble lo que uno puede llegar a malacostumbrarse en seis meses…) el tiempo escasea.

Ayer sábado nos fuimos (por segunda vez para mí) a Vitoria-Gasteiz, esta vez a conocer el nuevo apartamento (acá le dicen piso) que Ana y su novio Asier están alquilando, a la espera de que les entreguen el piso que están pagando en hipoteca desde hace quién sabe cuánto y vaya uno a saber por cuánto tiempo más.

Las hipotecas aquí son un poco como el llegar a fin de mes allá: problema de muchos, y especialmente de jóvenes con aspiraciones de independencia. Por acá el alquiler no se estila, y a mí no me termina de cerrar del todo por qué. Mi muy parcial conocimiento de esta realidad me dice que tiene que tener que ver con la facilidad de acceso a las hipotecas que había al menos hasta hace un tiempo (que no pedían altísimas entregas iniciales, como en Uruguay), lo que desestimula los alquileres como “gasto inútil”, y también un poco de comodidad de los jóvenes, que pueden darse muchos más gustos mientras viven, hasta los 30 y más, bajo el techo paterno. Tengo la sensación que por aquí, joven de clase media equivale a tener auto (acá le dicen coche), viajar al exterior en vacaciones, tener mucha ropa y celular con todos los chiches (acá le dicen móvil).

Pero me fui de tema; o más bien, me fui al carajo. El punto es que una serie de circunstancias no muy favorables (que la empresa constructora que hace tu casa quiebre, o problemas familiares de considerable magnitud) devinieron (me parece a mí) en una realidad bastante “festejable”, esto es, que una pareja con 6 años de historia pueda independizarse, aunque sea un poco obligada por los acontecimientos.

Ana es amiga de Lore desde los tiempos en que cursaron juntas la Universidad, pero da la casualidad que viajaron a Uruguay casi al mismo tiempo, aunque en el caso de Ana fue por menos de un mes, de voluntaria, a trabajar con unas monjas que trabajan con niños de “contexto crítico” en Pando. Su amor y nostalgia por Uruguay es bastante sorprendente para el poco tiempo que estuvo, y las duras realidades que tiene que haber visto. Un poco por eso, no me extrañó demasiado encontrar un par de mates como adornos centrales en la sala, y varios otros objetos made in Uruguay por aquí y allá.

La noche estaba muy agradable en Vitoria, una ciudad donde la situación geográfica se traduce en más frío que en Bilbao cuando hace frío, y más calor cuando el día está caluroso. Será por su lejanía con el mar, por su altura, o porque sí. El tema es que luego de un buen rato en casa, comiendo unas pizzas, unas masitas (que acá se llaman pastas) y tomando brebajes varios, jugando pictionary, kinitos (otro tema que da para explayarse) y otros juegos, salimos a recorrer la noche patatera (a los vitorianos les llaman patateros).

No hubo tiempo para mucho ya que los boliches cerraban sobre las 4.30, y nosotros salimos pasadas las 2.30. Luego de ver un par de lugares y tomar otros tantos kalimotxos se nos vino el cierre encima, no sin que antes nos pusieran la canción favorita de Asier (un tema cañero de Sabina). Yo me esperaba que prendieran las luces y pusieran el “Se me hacía tarde, ya me iba” de Fito Páez (un clásico en las pocas veces que me quedé hasta el cierre en un boliche), pero instead las apagaron casi por completo, y pararon la música en seco. Vaya invitación a la retirada.

Al final, los 9 (más el perro) nos acomodamos para tratar de dormir 5 o 6 horas. Algunos tuvimos más suerte pero a otros la bebida les pasó factura, y al perro fue la pizza la que lo condenó. Resultó que el chicho, de dimensiones minúsculas y escasos 3 kilos de peso, se quedó sólo en casa y por un error de cálculo una silla quedó colocada de tal forma que le daba acceso a la mesa, donde estaba una de las pizzas familiares. Parece que el pobre se tragó su peso en harinas, o casi, y a la noche fue a vomitar a uno de los dormitorios (por suerte no el nuestro).

Hoy a la mañana todos estábamos un poco lentos y con distintos grados de deterioro, pero en definitiva lo pasamos bastante bien. Poco después del mediodía emprendimos el camino hacia la terminal, y encaramos el viajecito de una hora de vuelta hasta Bilbao. Nos esperaba un Erandio somnoliento y desierto.