jueves, 20 de noviembre de 2008

En la Catedral con los Leones

Como tantas otras ciudades que se cotizan desde un punto de vista turístico, Bilbao tiene un ícono internacional que la hace reconocible: el Guggenheim. Viene a ser como el Big Ben, la Torre Eiffel, la Sagrada Familia o la Estatua de la Libertad. Aunque tal vez, a diferencia de estas otras ciudades, puede parecer a simple vista que Bilbao no tiene mucho más para ofrecer.

Esto es una falacia, por supuesto, tan simple como creer (como muchos por aquí) que Argentina se reduce al tango, la Patagonia y las Cataratas, o que Uruguay no tiene nada que ofrecer (sigo hablando de turismo, eh? Por las dudas…).

Hace unos meses vi en Vaya Semanita (un programa semanal de humor vasco, con un estilo comparable al de Telecataplum o Plop!) un sketch al respecto, en que unos turistas preguntaban qué podían hacer en Bilbao luego de haber visto el Guggenheim, y los mandaban al hotel a ver la tele, ya que no les quedaba nada más. Estos tipos se mofan de todo, especialmente de sí mismos, y aquí está la otra cara de la moneda:

(si no lo encuentran gracioso, es probable que yo ya esté muy habituado al humor vasco y se me haya “deformado” el gusto…)

Pero bueno, como introducción fue un poco larga para llegar a lo que iba. Poco tiempo en Bilbao se precisa para ver que el Guggen representa a la ciudad pero sólo marginalmente. Hay muchas otras cosas que la definen, como los txikiteros, por ejemplo. O la ría, los montes y el xirimiri. O el bilbaíno medio, por lo general bastante agrandado, muy pagado de sí mismo, socarrón, y fanático hasta la enfermedad del Athletic de Bilbao.

Todos los fines de semana, cuando juega el Athletic, todos los bares (que ya saben que son muuuchos) cuelgan en la puerta una bandera rojiblanca, señalando que allí se pasa el partido. Muchísimos bilbaínos lo siguen, y casi todos aquellos con quienes he podido hablar del tema tienen una visión totalmente deformada de la realidad de su equipo, que al día de hoy es bastante patética. Un poco como pasa con la historia del fútbol uruguayo (de clubes, pero también y fundamentalmente de la selección) se recurre a glorias pasadas para pretender una dimensión que notoriamente no se tiene.

El Athletic, aquí, es un equipo GRANDE, aunque hace ya casi 25 años de su última Copa. Cierto es que al igual que los dos grandes, nunca descendió de categoría (un poco como Cerro en Uruguay hasta hace muy pocos años, si no recuerdo mal. La verdad es que yo no iba mucho por el cerro ni conocía muchos de sus hinchas, pero espero que no vivieran tan auto-engañados como la gente de aquí).

Y es que el bilbaíno a veces parece un poco porteño en su agrande (con perdón de los porteños, claro! Jeje). Aún este año cuando comenzaron con pretensiones de copas europeas, y de arranque se encontraron en posiciones de descenso, de las que todavía no han podido salir.

In any case, a lo que iba, es que el Athletic es parte orgánica de la ciudad y de la forma de ser de esta gente, y como tal yo me estaba debiendo un poco más de investigación de campo, léase, ir a La Catedral a ver un partido de Los Leones en vivo y en directo. Con dos amigos de Lore nos compramos entradas para el fondo norte, algo así como lo que sería el Talud Colombes en el Centenario. Para ser las más baratas, sin dudas son muy caras (si Bilbao es de por sí una ciudad cara, un equipo que responde a las características que intenté describir no podía nunca tener entradas a precios populares, no? Al fin y al cabo, y como dirían por aquí como si eso lo explicara todo… somos de Bilbao).

Antes de llegar, la fiesta por la calle. El estadio está metido dentro de la ciudad (al menos 3 de sus tribunas) y claro, hay un montón de bares alrededor, y todos estaban llenos de gente haciendo “la previa”. Buen ambiente de jolgorio, a pesar de que jugaban el último (Osasuna) contra el penúltimo.

Nosotros llegábamos con el tiempo un poco justo así que no hicimos la obligada previa en el bar, y nos mandamos p’adentro antes que se llenara mucho. San Mamés es un estadio para unas 40 o 45.000 personas, bastante cuadrado, pequeño, y por ende muy cercano. Un poco como se ve la Bombonera por la tele (tengo un debe ahí…).

Estábamos apostados en la fila 11, es decir, muy cerquita de la cancha. Y al igual que en Inglaterra, no hay alambrados. En cada córner los teníamos casi al alcance de la mano.

El partido, según dijeron los comentaristas, fue muy malo. Es verdad que vimos poco futbol, pero la perspectiva y el ambiente lo amortiguaban bastante. Yo quería escuchar a la hinchada del Athletic, y me quedé un poco decepcionado porque pensé que iban a alentar un poco más. Hubo algunos cánticos “interesantes” pidiendo la independentzia y la repatriación de los presos políticos, y por supuesto bastante apoyo al equipo, pero tampoco nada del otro mundo… me parece que en Uruguay se canta bastante más.

Eso sí, aunque no se nota en estas fotos el estadio estaba casi lleno, lo que no es poca cosa dadas las circunstancias deportivas del equipo. El partido terminó 2-0, para alegría y alivio de los locatarios. Nosotros nos fuimos a tomar una para dar tiempo a que los primeros miles se tomaran el metro y nos lo dejaran algo más transitable, que viajar apretado es un embole.

En definitiva, prueba superada!, para ellos, y para mí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Imaginate cuánto disfrutamos de tus anécdotas, más aún sabiendo que tu agenda siempre está completa. Eso de ir a un bar luego del fútbol me hizo recordar una foto tuya, sacada por Manu, luego de un partido del Caracú con las Marmotas Voladoras, bajándote unos caliboratos...AP