No Te Va Gustar pasó fugazmente por Bilbao, y la euforia fue también fugaz, aunque no por eso menos intensa.
Había estado esperando una buena ocasión para sacar a pasear la bandera, y ésta parecía la mejor oportunidad posible. Munidos de nuestras entradas, y de mucha expectativa, nos fuimos de excursión a la noche uruguaya en la Villa.
Llegamos 5 minutos antes de la hora estipulada, y contábamos con un buen “retraso uruguayo” antes que empezara el recital, pero no tuvimos que esperar ni 10 minutos para que todo se pusiera en movimiento.
Al local, no muy grande, le sobraba espacio por todos lados salvo en la más absoluta proximidad al escenario, donde tan pronto aparecieron Emiliano y Cía., unos 20 o 30 uruguayos y tal vez algún que otro vasco (pero sólo tal vez) nos apretamos para vivir un recital con la cercanía que en Montevideo sería imposible experimentar.
Los que me acompañaron a ver a los Buitres en La Cascada, en Migues, sabrán de lo que hablo, y de cómo las sensaciones son completamente diferentes. Así como el Pepe Rambao le dedicó una canción al Caracú, por un simple pedido nuestro podríamos haber logrado nosotros otro tanto, de habérnoslo propuesto. Vimos cómo un par de minitas se lo conversaban al del trombón, durante un tema, y después no lo dejaban irse, al final del recital. Vimos cómo Emiliano se bajó del escenario a hacer pogo con la gente durante “Fuera de Control”. Casi sobre el final, vimos cómo volvió a bajar y se fue para un costado, al lado nuestro, y le dio la púa de su guitarra a una señora, cuarentona o cincuentona, que había estado apreciando el recital desde un costado, pero siempre en primera fila. Yo, que estaba al lado y lo vi todo, no pude evitar acercarme a ella, pues su cara era un poema. Resultó que no tenía ni p*ta idea de lo que le habían dado, y le expliqué para qué servía. No me pareció que se sintiera especialmente halagada, pero quién sabe…
Estuvimos por casi dos horas rodeados de camisetas de Peñarol, Nacional, Uruguay y hasta de Aguada. También de unas cuantas banderas. Se escucharon unos cuantos “dale che!” y “Vamo’arriba!”, y por supuesto, el “Soy Celeste”. Dejando de lado la música, una de mis mayores satisfacciones fue prestarles la bandera a varios compatriotas que se querían hacer fotos con ella. Aún así, y al igual que con el recital de La Vela Puerca, no tuve en ningún momento el impulso de hablar con nadie, salvo tal vez con la veterana, que probablemente no era uruguaya. Qué se yo…
Tengo un par de videos, que se ven un poco mal y se escuchan peor, pero pueden llegar a dar una mejor idea del ambiente que vivimos:
Y no mucho más… me parece que el próximo concierto ya va a ser en otro hemisferio...
2 comentarios:
que bueno poder disfrutar un recital asi! Y más vale que el próximo sea en NUESTRO hemisferio ta?!!!!
Y ya de paso aprovecho para comentarte: que divinas las fotos del apto. está preciosísimo!!!
Besos a a Lorena
Marianella
Bien Dieguín!!!
Tu cara de entusiasmo es la de siempre. ¡Qué bien luce cuál retazo ....!
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