Es por lo menos peculiar que desde nuestra mudanza en Mayo de 2009, hace ya tantos meses, CuantoCambio haya quedado poco menos que en el olvido, salvo por una reseña de la mudanza, y por el evento nada menor de la visita de NTVG.
Tal vez fue que a partir de entonces tuve que dedicar tiempo a las tareas de la casa, tiempo que antes podía utilizar pensando y escribiendo. Creo sin embargo que es más posible que el arribo a San Vicente, a nuestro amplio e independiente apartamento, haya tenido mucho de llegada a destino. Y que luego de tanto cambio de país, de estado civil, de situación legal, de residencia, el cambio haya dado lugar a la estabilidad y el descubrimiento de las nuevas rutinas, el día a día de conocerse con las panaderas y las cajeras del súper, de re-adiestrarse en la cocina, de poner el lavarropas, de disfrutar la ducha con su excelente presión de agua (por supuesto, sólo comparable a las visitas a Buenos Aires; ese es otro aspecto que liga a Barakaldo con Buenos Aires, en una más de mis ocurrentes semejanzas que nadie más parece ver).
En el camino quedaron el primer retorno al paisito, y una segunda visita, casi improvisada, para pasar Navidad en verano. También un fin de semana con Felipe y Fermina por Asturias, en el que por fin me pude sacar las ganas de manejar y manejar por autopistas y carreteras comarcales. Y en fin de año, también, un paseo rápido por Madrid bajo la lluvia pertinaz, festejando el reencuentro con la vaskita y nuestros 3 años juntos.
Y alrededor de todo esto, las rutinas cotidianas. Me siento como Auggie Wren cuando miro la Plaza y la Iglesia desde la ventana de este cuarto piso. Veo pasar el tiempo a pesar de que el reloj marca siempre las 8.05; veo cómo la luz cambia cada día a esa misma hora (la que marca mi reloj, no el de enfrente), veo los árboles perder sus hojas, las tormentas que vienen y van, las nubes lejanas que se mueven hacia arriba en vez de hacia un lado y aún no puedo entender, los críos y sus amas apurándose hacia la escuela minutos antes de las 9… y con todo eso, y con otras cosas, cambió CuantoCambio.
Ya vendrán los cuentos de la panadera telépata o de las gemelas ferreteras, de las verbenas en la plaza, y las doñas que te llaman ‘majo’ y ‘guapo’, de las rabas del domingo y mis infrecuentes proezas culinarias. Los ingredientes de la vida en San Vicente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario