viernes, 3 de septiembre de 2010

Bank holiday

Coincidiendo con la Aste Nagusia, este fin de semana tuvimos nuestro propio baño de multitudes con el Carnaval de Notting Hill, que entre domingo y lunes congregó a más de 1 millón de personas en este famoso y concheto barrio del oeste de Londres. Yo había estado, de rebote según recuerdo, en agosto del 2003, y este año, el domingo, acumulamos paciencia y nos dirigimos hacia allí (cualquier periplo que requiera desplazarse del East End al West End requiere mucha paciencia, y si el plan lo secundan algunos cientos de miles de personas, todavía un poco más). Pero bueno, allí estuvimos desde antes del mediodía, y el evento no defraudó en su oferta de excesos. El barrio estaba acordonado al tráfico, custodiado por la policía, y sobretodo absolutamente colapsado de gente. Todo de acuerdo al plan, y tras engullir un bocadillo nos dejamos fagocitar por la multitud.

La historia es más o menos así: hay un circuito pseudo circular que recorre el barrio, por donde se hace el desfile. Por ahí transcurre el “parade”, con gente disfrazada/ataviada, que sigue a un camión con música. Hasta allí un cierto paralelismo con un desfile de carnaval de Río (o Montevideo) pero infinitamente más pobre por lo que pude ver en 2003 y ahora. Sin embargo, el alma de la fiesta está por dentro del circuito del desfile. En estas calles cerradas se instalan puestos de venta de comida típica caribeña (parece que el “jerk chicken”, pollo picante, es un clásico, y nosotros cumplimos en probarlo), y también los “sound systems” que son como stands (o txosnas) donde un DJ pone música para toda la calle. Este año había 37 sound systems, uno de ellos transmitiendo en directo por la BBC, y es en ellos donde se acumulaba la gente.

Atravesarlos de un lado al otro de la calle era un desafío y una prueba titánica, y tras algunas horas de trajín volvimos para casa agotados.

El lunes, otros tantos cientos de miles repetirían la procesión, pero nosotros optamos por disfrutar el feriado viendo pelis en casa.

El finde había arrancado con nuestra visita al Borough Market, al sur del Thames. Este es un mercado tradicional donde encontrar alimentos frescos de casi todo el mundo. Luego de sufrir admirando embutidos españoles e italianos nos fuimos a mal comer a un restaurante cercano, donde al pedir café experimentamos un new low en nuestra épica lid por un café aceptable. Por ahora vamos perdiendo feo contra la coalición “plástico + jugo de paraguas”, y las excepciones han sido honrosas. Para mí, al menos, tuvo el consuelo de que estaban pasando por la tele el partido del Arsenal, una sufrida victoria de visitante.

Por la tarde las chicas se fueron a dar una vuelta por Brick Lane, calle cool donde conseguir toda clase de artículos vintage. Yo me les uní un rato más tarde en un minúsculo bar donde, acompañado de la ya infaltable cerveza, me jugué una ficha en una vieja Street Fighter, y con Ryu repartí mamporros y reventé a unos cuantos hasta que me dolieron las muñecas. ¡Fue un momento excitante!

Volviendo al domingo, esa noche jugamos a los anfitriones por primera vez en London, ya que Goiz vino a cenar ñoquis a casa. La tradición del 29 se reconvierte, y de “día de ñoquis” pasó a “nioki eguna”, y ahora tal vez lo rebauticemos “gnocchi day”. Está por verse, pero si no encontramos mejores materias primas la tradición peligra. La peripecia culinaria sigue siendo un sufrimiento…

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