Ayer pensaba cómo hace ya cuatro meses que la biblioteca donde trabajo me contrató para que le mire las tapas a los libros y les busque dedicatorias interesantes (mientras los catalogo a toda velocidad y con impecable eficiencia, por supuesto), les pregunte silenciosamente si me quieren llevar a dar una vuelta por aquí o por allá, o, cuando veo que la dosis de imaginación se quedó en el colchón, o se diluyó con la ducha matutina, trato de que no me importe tanto porque en la biblioteca también me pagan por escuchar música mientras hago como que me concentro en esto de la catalogación.
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| ¿No está bueno cuando un libro puede afectar la calidad del día? |
Los más de los días, la oficina se aferra férrea a su código de silencio que la hace un lugar generalmente inhóspito. Para encontrar un resquicio social es necesario huir a la cocina, donde maldecir al aburrimiento mientras se prepara (uno) un café o (ellos) un té, o se calienta el almuerzo.
Allí conocí un poco más a las que hace 4 meses ponían de relieve lo que había dejado atrás en Queen Mary y me faltaba aquí. Cuatro chicas que liquidaban rápido su almuerzo para poder concentrarse en el crucigrama del día, usualmente el de The Guardian aunque también algún otro si ése se les quedaba corto (las tipas eran expertas). Eran inseparables, y se entendían con la mirada. Tres de ellas trabajaban en la oficina, donde por supuesto no cruzaban una palabra, pero en la cocina se soltaban (a veces como cacatúas, hay que decirlo).
Me dio por llamarlas "D'Artagnan y las 3 crucigrameras", aunque nunca pude definir quién cumplía cuál personaje. Lo que sí cumplían a rajatabla era lo del "Todos para uno..."
Pero hete aquí que un día pasó lo que tan a menudo ocurre en esta ciudad. Sobrevino la movilidad laboral, y en el espacio de 2 rápidos meses D'Artagnan se quedó sin dos de sus mosqueteras, que consiguieron trabajos en sendas bibliotecas que pagarían mejor u ofrecerían mejores puestos. Lo usual y corriente.
Mientras esto sucedía, yo de a poco me fui integrando, con ellas y con otros. Que si una breve charla aquí, que si una conversación allá, buscando puntos en común y afinidades. Baby steps. Y pasó un día, como quien no quiere la cosa, cuando las crucigrameras ya eran 3 en vez de cuatro, que el The Guardian bendito se apiadó de mí y en un crucigrama puso una pregunta sobre América del Sur, y que yo justo andaba por ahí cuando la hicieron, y la respondí.
Un par de semanas después, cuando las crucigrameras ya eran sólo 2 y parecía que había audiciones para ocupar el resto de los puestos de la mesa en la cocina, me encontré tomando parte del crucigrama desde el principio. Fast forward otro par de quincenas y sorprendentemente estaba incluido en mensajes que parecen indicar que soy parte de un curioso nuevo cuarteto... Por un momento me sentí Athos, o tal vez Aramis (pero nunca Porthos, eso no).
Este viernes hubo una reunión multitudinaria en la cocina para lanzar la inevitable penca local (acá son sosos hasta para armar pencas... nada de presumir resultados: se te asigna un equipo y al que le toque el campeón se lleva el pozo. Desde entonces, mi segundo equipo es Ghana), y por primera vez me sentí casi a gusto en ese lugar, y en ese contexto. Tomó 4 meses y muchos libros, pero al fin, un cierto sentido de pertenencia.
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| Siempre dispuesto a la aventura, siempre listo para navegar |
Y sólo un rato después me enteré que los días de crucigramas están contados, ya que tanto D'Artagnan como Porthos han conseguido nuevos trabajos, y les queda en la biblioteca menos tiempo aún que a mi.
En esta ciudad transitoria y efímera, a veces parece que todos estamos recién llegados o a punto de partir, con la mira puesta un poco más allá del aquí y el ahora.

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2 comentarios:
Diego, me encantó la historia de los mosqueteros (mi libro preferido de la adolescencia por lejos que llegué casi a memorizar de la emoción que me causaba!)
En cuanto a la percepción del paso del tiempo, uf! si dará para hablar. Es un tema que también se está volviendo muy recurrente para mi.. vamos a tener que tener una videoconferencia para debatir sobre el tema!
Seguramente un libro puede afectar la calidad de un día, también la calidad de nuestras vidas. Los mosqueteros, por ej, que tan bien han acompañado los años jóvenes de tanta gente, sin importar sexo o generación.
No doubt Athos siempre fue también mi preferido.
Y por fin me topo con la frase que te describe de cuerpo entero. Nadie más que tú podía encontrarla, y, por cierto, precedida de una espléndida y poética justificación.:"siempre dispuesto a la aventura, siempre listo para navegar"
Yo por cierto, te miro desde el muelle.
ma.
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