lunes, 12 de octubre de 2015

El tiempo no para

Puede que el 6 de agosto sea un buen día para estar en el aire.

El año pasado éste fue el día en que terminó nuestro periplo londinense, y volamos a Madrid. Lo que pensamos sería una aventura intensa pero breve terminó prolongándose por cuatro intensos años. Demanding yet rewarding.

Y este año el 6 de agosto también me tocó volar a Madrid, pero esta vez luego de una escapada de 7 días a Montevideo.

La despedida de Londres se dio por etapas y tuvo mucho de lo que llegamos a asociar con nuestra experiencia propia y auténtica de la ciudad. Hubo encuentros en el pub con pintas de por medio; hubo una cena con amigos en un restaurante tailandés (¿o era chino?); y hubo, por supuesto, un picnic. Hubo risas, fotos, y promesas. Hubo siembra, aunque tal vez no fuéramos conscientes de lo que luego cosecharíamos.


Ese 6 de agosto, en la cafetería del aeropuerto (que no por casualidad era el único de los 5 londinenses que nos quedaba por conocer) me regalaron uno de los cafés y una sonrisa. Nunca supe si fue otro ejemplo de excellent customer service, ese que tanto me había sorprendido 4 años atrás en mis primeras interacciones en la ciudad, o un flirteo pasajero. Nunca fui muy bueno interpretando señales.

Luego en el control de seguridad nos confiscaron la raqueta. You win some, you lose some, y siempre se puede confiar en que un funcionario de seguridad de aeropuerto te haga perder. El tenis, de momento, es sólo un recuerdo, así como hoy recuerdo a mi último sparring que estará contento porque una de sus compatriotas ganó el US Open contra todo pronóstico.

Los días pasan, y las semanas. Y al aniversario del viaje le siguió pronto el de la mudanza a Bilbao. Tras un año en el Botxo seguimos con cambios a la vista (siempre) pero contentos con la localía y con poder estar cerca de Male y June, las sobrinas postizas que tenemos cerquita.


Al fin y al cabo, la ciudad puede ser más verde, tranquila y caminable, y no por ello la aventura menos intensa.

miércoles, 15 de julio de 2015

De Bilbao a Lavalleja

Hoy fue uno de esos días... En la Biblioteca donde ya hace más de 3 meses que estoy trabajando, suelo pensar que no pasa mucha cosa digna de contar. Pero hoy vino a pedir ayuda un señor que inesperadamente estaba investigando sobre el crowdfunding. Digo inesperadamente porque para ser un tema de desarrollo tan reciente, este señor tenía un nivel de alfabetización informacional bastante anticuado. Dicho de otro modo, quería libros en papel porque no se sentía cómodo buscando en bases de datos o leyendo en una pantalla.

Luego de unos minutos de orientación y un aceleradísimo curso sobre acceso a la web de la biblioteca y búsqueda de información, llegó la usual pregunta que, en este caso, conllevaría un colofón muy inesperado.

- ¿Y usted de dónde es?
- Soy uruguayo
- ¡No me diga! Yo he estado en Uruguay muchas veces.
- ¿Ah si?
- Si conozco La Barra, Punta del Este (por aquí pensé que íbamos bastante mal...) y también Montevideo, por supuesto.
- ...
- Es que tengo parientes que viven en Uruguay, se asentaron allí en el Siglo Diecinueve
- Ah si, ha habido mucha emigración de vascos al Uruguay (aquí arriesgué, ya que no sabía aún si él sería realmente vasco).
- Sí, ¿no sé si conoce usted el Pueblo Aramendía, en Lavalleja?
- No...
- Pues sí, Don Pedro Aramendía fue Director del Banco Nacional, también Vicente...

Ya después de esto el hombre me había dejado un poco turulato... resulta que, obviamente, sí hay un pueblo llamado Pedro Aramendía en Lavalleja (población: 96 habitantes!), y que un tal Pedro Aramendía fue Presidente del Directorio del BROU, allá por 1965.

Luego de este peculiar intercambio, el pariente de Aramendía se interesó por las fechas en que podría volver a contar con mi ayuda, y tras contentarse en la certeza de que un compatriota de sus parientes estaría allí para ayudarle al menos hasta finales de este mes, se marchó en busca de la única revista impresa que prometía facilitarle algo de información sobre crowdfunding.