miércoles, 28 de mayo de 2008

Conociendo Vitoria-Gasteiz

Perdón por el silencio. Aproveché el fin de semana largo (Memorial Day mediante) para alejarme lo más posible de la compu, y El nombre de la rosa está ocupando mis ratos libres últimamente (si, ya sé que no puede ser que no lo haya leído hasta ahora…).

No sé si les comenté que la Biblioteca Pública de Erandio organizó un sorteo entre todos los lectores que la visitaran el día del libro. Yo fui uno de los agraciados que se ganó una excursión a Vitoria-Gasteiz (capital de la provincia de Álava, y capital administrativa de la Comunidad Autónoma del País Vasco), y para allí nos fuimos con Tami y May (un par de amigas de Lore) el sábado pasado.

El viaje incluía una visita guiada a la Catedral Santa María, bastante famosa por el libro Los pilares de la tierra de Ken Follett, y por estar “abierta por obras” hace varios años. Esto quiere decir que está cerrada al culto, pero hay visitas guiadas a las obras de restauración que se están haciendo hace años y que se prevé continuarán hasta 2014.

Es una pena que dentro de la Catedral no se pudieran tomar fotos, pues lo que vimos, creo yo, debe ser muy difícil de apreciar en otras circunstancias. Casi toda la visita se desarrolla sobre andamios, y puede verse desde parte de los cimientos hasta las columnas agrietadas y las distintas fases de su construcción a través de los siglos, su deterioro y las refacciones anteriores, y las que están en curso en este momento. Todo con una guía que te va contando la historia del pueblo (fundado como aldea en el año 700, aprox.) y de la Catedral (cuya primera construcción data del S. XII), y te va mostrando las distintas capas donde se ven los cambios que se le hicieron a la Catedral durante los siglos; primero, al ir agrandándola, y convirtiéndola al estilo gótico, y luego las refacciones anteriores, lo que se está haciendo ahora y cómo piensan dejarla.

Aquí está el video que nos pusieron al comienzo de la visita (en inglés… no lo pude encontrar en español) y que relata casi todo lo que les acabo de contar:

Luego de la visita tuvimos algo más de un par de horas para pasear por la ciudad antes de retornar a Erandio. Con Tami y May nos dedicamos a pasear por el casco viejo de la ciudad (similar en algunas cosas al de Bilbao, aunque éste se encuentra sobre una colina por lo que las vistas de a ratos son más interesantes), y a sacar unas cuantas fotos. Como parte de mi proceso de euskaldunización, tengo que admitir que antes y después de la visita guiada estuvimos de poteo, rito al que se entrega todo buen lugareño que se precie.

Sobre la tarde, cuando ya estábamos buscando el lugar donde nos esperaría el ómnibus para volver, se descargó un buen chaparrón (por lo demás, absolutamente típico) así que nos tuvimos que recluir en un bar para no terminar calados hasta los huesos.

Ya volviendo en bus hacia Erandio, las dos bibliotecarias que nos acompañaron en el viaje nos sorprendieron (al menos a mí) con un poco más de marketing bibliotecario, y nos regalaron una bolsa con merchandising diverso, y el nuevo “librito” del amigo Ken Follet:

Son sólo 1179 páginas… Como aún no leí Los pilares de la tierra, no estoy muy apurado por leer éste, que es su continuación. Pero al menos ya tengo la solución si se le rompe una pata a la cama!

miércoles, 14 de mayo de 2008

Vicisitudes de los paseos vascos

El lunes la primavera volvió a decir presente, y Lore y yo aprovechamos para tomarnos un metro hacia la playa, seguir la margen derecha hasta Bidezabal, un barrio residencial (y muy pijo) con muchas casas, mucho verde y una pequeña playa mansa al pie de un barranco.

En la arena había un chiringuito (¿cómo les decimos en uruguayo? ¿casetas?, ¿boliches?, ¿puestos de venta?) super fashion, con sillitas mirando al poniente y un poco de buena música playera (mientras estuvimos allí sonaron Marley y Calamaro… fue lo más cercano a Punta del Este que he estado en estos 3 meses, y aunque dista de ser mi playa ideal, igual me pegó un poco la nostalgia).

Desde la playa, hacia el barranco se veía un viejo molino y hacia allí nos dirigimos. Nos encontramos con un bonito paseo, un bidegorri (literalmente camino rojo, que generalmente indica una ciclovía) donde Lore demostró que con un poco de imaginación no hace falta un bi-rodado para andar en bicicleta.

Disfrutamos del sol y la larga tarde por un rato más (por aquí ya anochece pasadas las 9) antes de pegar la vuelta.

Ayer llovió todo el día, sin parar, pero hoy amaneció soleado nuevamente. El diario pronosticaba lluvias y yo imaginé que la tarde libre no pintaría para paseos (bueno, en realidad me lo advirtió Felipe). Como era de esperar, para la hora del almuerzo ya estaba cayendo un chaparrón, pero una hora más tarde volvió a brillar el sol. Yo tenía nuevamente la tarde libre, así que agarré la cámara y volví a salir.

Esta vez fui hacia la ría, y decidí cruzarla en el barco que va de Erandio hasta Barakaldo, en la margen de enfrente. Según me han contado era el medio de transporte más frecuente para cruzar de un lado al otro hasta que inauguraron el metro, hace algunos años.

Desde la margen izquierda, exactamente frente a la calle Obieta tomé esta foto que complementa las vistas cotidianas (en particular las vistas este y oeste) que les mostré hace unos días:

Seguí mi paseo alejándome de la ría y avanzando hacia Barakaldo, mientras una densa nube gris se cernía sobre un monte cercano. Me imaginé que la historia volvería a repetirse, pero no había tenido ganas de cargar con el paraguas. El chaparrón parecía inevitable y 10 minutos más tarde cumplió su promesa. Quiso la suerte que yo estuviera pasando justo frente al estadio del Barakaldo Club de Fútbol (nótense sus colores, por favor) que me proveyó un techo durante el breve aguacero. Aquí hay una foto de sus simpáticas instalaciones:

Pocos minutos más tarde había amainado, y yo me dirigí hacia donde supuse que estaba el centro de Barakaldo, procurando estar cerca del metro si la historia volvía a repetirse (y porque, la verdad, ya estaba un poco cansado de la caminata, y no estaba como para echarse en el pastito dado lo que acababa de ocurrir). Me tomó un rato encontrar el camino, pero siguiendo a la gente y los autos fui a parar a una plaza, de allí a una avenida, y el resto fue historia. Creo que me dio el tiempo justo para evitar la hora punta y no viajar como sardina en lata, cosa que habría empañado bastante el final de esta aventura.

Huelga decir que para cuando emergí del metro en Erandio había un sol que rajaba las piedras, otra vez.

Suele ser así.

domingo, 4 de mayo de 2008

Tengo una banda amiga que me aguanta el corazón ♪


Anoche tocó la Vela en Bilbao... y hoy estoy un poco afónico. :)

Hace unos días me enteré que la Vela estaba de gira por España, y que la última fecha era Bilbao. Ésta es la mía, me dije.

“…y de pronto todo es ilusión…”

Lore no me podía acompañar por su laburo, pero la semana pasada le comenté del recital a Víctor, su hermano, mientras veíamos algunos videos en YouTube de guitarristas virtuosos y grupos de su gusto y el mío… una cosa llevó a la otra, y al final del día se fue a su casa con varios temas de la Vela en su MP3… a los dos días me reafirmó su ofrecimiento inicial; quería venir conmigo al recital. Fenomenal.

Los días previos tuvieron mucho de anticipación y un poco de incertidumbre también. Por si las moscas, me quería asegurar de conseguir las entradas de forma anticipada. La librería/disquería donde las vendían estaba ‘chapada’ cuando llegué, pero como tantos otros comercios bilbaínos, se despertó de su siesta pasadas las 5 de la tarde.

El principal problema pasaba a ser el cómo llegar al lugar del concierto, un gaztetxe (“casa de reunión de jóvenes”) que estaba en Rekalde, barrio fuera del circuito del metro (y por ende bastante desconocido aún para mí). Tras un par de días de investigación virtual y no tanto en mapas varios, y un poco de exploración de campo, me sentí bastante confiado en poder llegar sin mayores contratiempos. De todas formas fue una suerte que el gaztetxe apareciera frente a nosotros cuando íbamos en el bus, porque si no hubiéramos seguido de largo tranquilamente. Ocupaba una amplia esquina en una plaza, y tan pronto me bajé lo primero que vi fue a un flaco con un termo bajo el brazo. “Estamos bien” le dije a Víctor con toda seguridad.

“…al camino que elegí / yo no sé quién me llevó / si las vueltas de la vida / o si las vueltas las di yo….”

Llegamos 15 minutos antes de la hora pautada, pero por suerte ya estaban tocando los teloneros (the sooner the better…). No es que sonaran mal, de hecho eran un power trío bastante respetable, pero no era el motivo de reunión, y eso estaba claro. Había todavía mucha gente afuera, y los que estaban dentro estaban desperdigados en el amplio galpón, sentados en unos bancos a los costados del escenario o acodados a la barra. Tal vez fue esto lo que me hizo prestar atención a los únicos tres tipos que estaban frente al escenario, aplaudiendo cada tema que pasaba… uno de ellos era el Enano, otro el Cebolla. Yo se lo contaba a Víctor, que ‘flipaba’ conmigo frente a la naturalidad y la tranquilidad con que se movían entre la gente.

Pasó una hora entre que terminaron los teloneros y armaron el escenario para la Vela. Entretanto el Enano se sacó unas cuantas fotos con algunos compatriotas, firmó algún disco a pedido de un cholulo, fue al baño… esas cosas que en los recitales en Montevideo seguramente también pasen, pero son tanto más difíciles de ver. Yo lo tuve al lado mío en más de una ocasión, pero no fui lo suficientemente cholulo, o no se me ocurrió nada lo suficientemente interesante para decirle.

Las luces se apagaron y la gente empezó a arrimarse al escenario. No teníamos claro aún cuántos de los presentes serían uruguayos, pero yo diría que habíamos unas 200 o 300 personas, y alrededor del 60 o 70% éramos del paisito. Seguro que el 99% de los que estaban agitando lo eran.

El Cebolla me dejó de cara con su dominio del euskera. No sólo abundaron los eskerrik asko al final de cada canción, sino que cuando se aprestaba a cantar Clones la precedió con una canción en euskera, a capella, dedicada a un “vaskito” cuyo nombre no pude retener.

Luego, el Enano nos dedicó Vuelan palos especialmente “a los de acá y a los de allá”.

El recital tuvo una cercanía y una magia digna de un toque en el interior (como el de Buitres en La Cascada, en Migues, donde le arrancamos al Pepe Rambao una dedicatoria para el Caracú). Ver a los tipos tan de cerca es todo un privilegio, y hace que el recital no tenga nada que ver con uno en el Teatro de Verano o el Velódromo. La verdad es que me esperaba un recital más corto, o con menos fuerza, pero fue todo lo contrario. Dos horas de pura intensidad.

Cuando arrancó el segundo bis con El Viejo me hice a la idea que se estaba terminando la fiesta. Tocaron una más y luego cerró el Enano con José sabía.

“… adiós a todo placer, que te saque de la amargura…”