Anoche tocó la Vela en Bilbao... y hoy estoy un poco afónico. :)
Hace unos días me enteré que la Vela estaba de gira por España, y que la última fecha era Bilbao. Ésta es la mía, me dije.
“…y de pronto todo es ilusión…”
Lore no me podía acompañar por su laburo, pero la semana pasada le comenté del recital a Víctor, su hermano, mientras veíamos algunos videos en YouTube de guitarristas virtuosos y grupos de su gusto y el mío… una cosa llevó a la otra, y al final del día se fue a su casa con varios temas de la Vela en su MP3… a los dos días me reafirmó su ofrecimiento inicial; quería venir conmigo al recital. Fenomenal.
Los días previos tuvieron mucho de anticipación y un poco de incertidumbre también. Por si las moscas, me quería asegurar de conseguir las entradas de forma anticipada. La librería/disquería donde las vendían estaba ‘chapada’ cuando llegué, pero como tantos otros comercios bilbaínos, se despertó de su siesta pasadas las 5 de la tarde.
El principal problema pasaba a ser el cómo llegar al lugar del concierto, un gaztetxe (“casa de reunión de jóvenes”) que estaba en Rekalde, barrio fuera del circuito del metro (y por ende bastante desconocido aún para mí). Tras un par de días de investigación virtual y no tanto en mapas varios, y un poco de exploración de campo, me sentí bastante confiado en poder llegar sin mayores contratiempos. De todas formas fue una suerte que el gaztetxe apareciera frente a nosotros cuando íbamos en el bus, porque si no hubiéramos seguido de largo tranquilamente. Ocupaba una amplia esquina en una plaza, y tan pronto me bajé lo primero que vi fue a un flaco con un termo bajo el brazo. “Estamos bien” le dije a Víctor con toda seguridad.
“…al camino que elegí / yo no sé quién me llevó / si las vueltas de la vida / o si las vueltas las di yo….”
Llegamos 15 minutos antes de la hora pautada, pero por suerte ya estaban tocando los teloneros (the sooner the better…). No es que sonaran mal, de hecho eran un power trío bastante respetable, pero no era el motivo de reunión, y eso estaba claro. Había todavía mucha gente afuera, y los que estaban dentro estaban desperdigados en el amplio galpón, sentados en unos bancos a los costados del escenario o acodados a la barra. Tal vez fue esto lo que me hizo prestar atención a los únicos tres tipos que estaban frente al escenario, aplaudiendo cada tema que pasaba… uno de ellos era el Enano, otro el Cebolla. Yo se lo contaba a Víctor, que ‘flipaba’ conmigo frente a la naturalidad y la tranquilidad con que se movían entre la gente.
Pasó una hora entre que terminaron los teloneros y armaron el escenario para la Vela. Entretanto el Enano se sacó unas cuantas fotos con algunos compatriotas, firmó algún disco a pedido de un cholulo, fue al baño… esas cosas que en los recitales en Montevideo seguramente también pasen, pero son tanto más difíciles de ver. Yo lo tuve al lado mío en más de una ocasión, pero no fui lo suficientemente cholulo, o no se me ocurrió nada lo suficientemente interesante para decirle.
Las luces se apagaron y la gente empezó a arrimarse al escenario. No teníamos claro aún cuántos de los presentes serían uruguayos, pero yo diría que habíamos unas 200 o 300 personas, y alrededor del 60 o 70% éramos del paisito. Seguro que el 99% de los que estaban agitando lo eran.
El Cebolla me dejó de cara con su dominio del euskera. No sólo abundaron los eskerrik asko al final de cada canción, sino que cuando se aprestaba a cantar Clones la precedió con una canción en euskera, a capella, dedicada a un “vaskito” cuyo nombre no pude retener.
Luego, el Enano nos dedicó Vuelan palos especialmente “a los de acá y a los de allá”.
El recital tuvo una cercanía y una magia digna de un toque en el interior (como el de Buitres en La Cascada, en Migues, donde le arrancamos al Pepe Rambao una dedicatoria para el Caracú). Ver a los tipos tan de cerca es todo un privilegio, y hace que el recital no tenga nada que ver con uno en el Teatro de Verano o el Velódromo. La verdad es que me esperaba un recital más corto, o con menos fuerza, pero fue todo lo contrario. Dos horas de pura intensidad.
Cuando arrancó el segundo bis con El Viejo me hice a la idea que se estaba terminando la fiesta. Tocaron una más y luego cerró el Enano con José sabía.
“… adiós a todo placer, que te saque de la amargura…”
3 comentarios:
ni quiero imaginarme el tamaño de la emoción que puede significar ver y escuchar uruguayos tan "significativos" fuera del país...no sabía que la vela andaba por allá. Me alegro por ti.!!
Ma.
Que bueno!!! por lo que contás el final del recital fue igual al de acá... el Enano a solas con su guitarra cantando José sabía... no lo pudimos compartir en Mdeo pero bueno... igual me da como un poco de envidia esa cercanía, esas cosas acá, salvo algún toque en el interior, difícil... ;)
Uyyyy qué alegria leer esto. Me encanta como lo relatas. Me estoy haciendo la película. Buenísima noticia que hayas compartido con tanta gente. Creo que ver la vela por allá te habrá hecho latir más fuerte!.
Publicar un comentario