martes, 23 de septiembre de 2008

Cantabria infinita

Cantabria infinita es un eslogan, al igual que Uruguay Natural, con el que se promociona el turismo. El fin de semana pasado (el anterior al viajecito a la Villa de Plentzia) nos fuimos a Seña, un pueblo cantábrico que según Wikipedia, en 2004 tenía 264 habitantes.

Uno de ellos es Dani, a quien yo conocí en nuestro viaje a Mundaka. Dani acaba de terminar de construir su propia casa en Seña (era un pajar, y vean cómo la dejó…) y había cumplido años un par de días antes de nuestra llegada. Doble motivo para pegarle una visita, aunque los motivos eran innecesarios, por otra parte, porque es una de esas personas que te invitan a que vayas cuando quieras y que se nota que lo dicen en serio.

Seña es un pueblito minúsculo, y gracias a sus 220 metros de altitud tiene muy buenas vistas al Cantábrico y a Laredo, el balneario costero que está a 5km. Hasta allí sólo se puede llegar en auto, o caminando. No hay transporte público que te lleve a Seña, como nos contaba Dani recordando sus épocas escolares, y comentando que aún los que no tienen auto, se sacan la libreta de conducir al llegar a los 18, sin excepción.

Llegamos el sábado sobre el mediodía y nuestro punto de encuentro fue un Supermercado en las afueras de Laredo. Allí hicimos acopio de vituallas para los dos días siguientes. La casa de Dani estaba en tal estado fundacional que tuvimos que comprar orégano y aceite, entre otras cosas. Mucho mejor así, más novedoso.

Nada más subimos al pueblo e hicimos el reconocimiento del hogar (“que te cagas!”), salimos de poteo por los bares locales. No sé si 4 bares son muchos o pocos para un pueblo de 260 personas… nosotros entramos a tres de ellos, y en todos al pedir algo para tomar nos convidaban con alguna picadita gustosa. En el primero fueron unos champignones calentitos en salsa picante, en el segundo fueron aceitunas y otros pickles, y en el tercero maní (del que vendía el manicero!!!). Nos lo estábamos pasando tan bien que la hora del almuerzo se nos pasó un poco de largo… terminamos de almorzar, creo, sobre las 6 y media de la tarde.

Por la noche bajamos a Laredo a uno de los boliches donde había más amigos de Dani, a festejar. Aunque no estábamos en el País Vasko, kalimotxo y kinito estaban a la orden del día. Se ve que es costumbre nacional. Yo aproveché para jugar un pool, algo que no hacía desde hace meses, y luego nos sumamos al chuping. Sobre las 2am cerraban, así que allí emprendimos la recorrida de bares, que como suele ocurrir estaban en el casco viejo de la ciudad. Aunque no me dio para apreciar mucho, he de decir.

Habremos aguantado hasta las 5am, como mucho. Como suele suceder, Lore y yo fuimos los primeros en emprender el retorno pero al rato llegaron los demás.

El domingo fue un día de relax total, pero igual nos dio la nafta para bajar a potear a Laredo. Verán en las fotos los minúsculos caracolitos negros que comí… una delicia local para muchos, no estaban tan mal para mi sorpresa. Paseamos un rato por la costa y luego volvimos a subir a Seña.

Después del almuerzo (o sea, pasadas las 6 de la tarde otra vez) volvimos a bajar a Laredo, esta vez para hacer un poco de senderismo y apreciar las vistas desde los montes cercanos. Dani, que ha viajado mucho (entre otras cosas hizo varias veces el Camino de Santiago) me comentó que el Cantábrico es su zona favorita de España, por el verdor de la tierra y los contrastes de los montes y montañas que llegan hasta el mar. Yo no he visto tanto, pero cuando no está gris, esta zona es una preciosidad.

Volvimos con la puesta de sol, mientras la luna llena ascendía desde el oriente.

Aquí las fotos del finde.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Plan B, Plan P

Para este fin de semana teníamos un plan bastante interesante que no cuajó, y como el tiempo acompañaba, el sábado nos tomamos el metro hasta el final de la línea 1, o sea, la Villa de Plentzia, a una media hora de Erandio hacia el norte.

Les dejo unas pocas fotos de este lindo pueblito con puerto y playa.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Fiestas de Erandio, y el fin del verano

El otoño se cierne sobre nosotros hace días. De hecho, amenaza desde que volvimos de Extremadura aunque sólo sea por contraste. Un buen día de verano aquí igual tendría 5 o 10 grados menos que su equivalente extremeño.

La semana pasada, sólo 3 días después del final de la Aste Nagusia comenzaron las Agustin Deunaren Jaiak (Fiestas de San Agustín), o sea, las fiestas de Erandio. Si bien gran parte de ellas me las pasé trabajando, en casa, igual pude ver una cara de las fiestas locales que no había visto hasta ahora. La gente del pueblo se viste para la fiesta con la vestimenta típica del pueblo, y de repente por la calle todo son pantalones azules, camisetas o camisas blancas, y pañuelo azul al cuello.

Durante las fiestas hay conciertos, verbenas, competiciones varias entre las cuadrillas, chorizadas, fuegos artificiales, regatas, danzas, desfiles, y un largo etcétera. El viernes pasado, una de las actividades era un taller infantil y una de sus organizadoras era María, una de las amigas de Lore. Me pidió si podía darle una mano, por lo que ese día tuve mi primera experiencia de trabajo “en negro” en el viejo continente.

Durante tres horas en la mañana y otras tres por la tarde, nos dedicamos a hacer manualidades (billeteras con papel de revista plastificado, mariposas con palillos) y otras actividades (plantar lechugas, pintar caras) con todos los niños que se pasaron por allí (sólo en la mañana fueron más de 100…), y también con algunos de sus padres, que como suele suceder fueron los más insoportables del montón.

Terminamos bastante hechos carozo, pero siendo viernes de fiesta había cena en la lonja, con el consabido kinito y posterior salida a recorrer los bares y las txosnas. Durante la noche tuvo lugar un bonito intercambio cultural con las amigas de Lore (les enseñé unos cuantos insultos uruguayos) y eventualmente todos quedamos “tatuados” con algún simpático uruguayismo levemente modificado.

Las fiestas continuaron hasta el domingo, pero el lunes, primero de setiembre además, ya se respiraba por aquí un aire de comienzo de año completamente equiparable al lunes después de Semana de Turismo. Hace 3 o 4 días que cuesta andar en manga corta, y hoy tenemos unos vientos arrachados que no dan ganas de salir…