Con la llegada de los Reyes se terminó el periodo festivo, aunque ahora ya estamos en plena temporada de rebajas, que parece también ser un hito de importancia para muchos (incluidos todos los informativos que lo pusieron como nota de portada el 7 de enero).
Fueron interesantes las fiestas, hay que decirlo. Y peculiares, como no podía ser de otra manera.
En Nochebuena, en el País Vasco se festeja la llegada del Olentzero, un carbonero viejo, gordo, un poco mugriento y borrachín que baja del monte a la ciudad en Nochebuena (antiguamente era durante el solsticio de invierno). En Astrabudua, donde estábamos, estaba personificado por un hombre que iba lanzando caramelos y confeti a los niños, sentado en una carreta tirada por bueyes, y precedido de un grupo de ovejas. También iban desfilando un grupo de niños tocando música tradicional. Felipe, Lore y yo llevamos a Irati a ver al Olentzero, y más tarde, durante la cena, el Olentzero tocó el timbre en casa para dejarle a Irati unos cuantos regalitos.
Me imagino que la historia habrá sido bastante similar en muchos hogares del País Vasco, y que a pesar de la tele, la decoración navideña y el bombardeo generalizado, Papá Noel no lo tiene tan fácil por estas tierras.
En fin de año (aquí por todos llamado Nochevieja) la tradición de la noche son las uvas. Una uva por cada una de las 12 campanadas de medianoche. Hay tradiciones tristemente asociadas a ésta, como soportar a Ramón “Qué apostamos” García transmitiendo en directo desde la Puerta del Sol.
Nosotros estábamos en plena charla y no nos enteramos que se nos venían las uvas… yo arranqué por la cuarta campanada aprox., y sólo llegué a las 8 uvas. No tengo claro si tendré suerte solamente hasta agosto, o si por el contrario mi prosperidad comenzará recién a partir de abril. Lo voy a tener que llamar a Ramón para preguntarle.
Finalmente Reyes, que es una celebración más extendida por aquí que lo que se estila por allá. Para empezar, el 5 de enero se hace la cabalgata de Reyes, un desfile de carrozas algo parecido al desfile de Carnaval, pero que en Erandio era un poco más modesto, como es natural. Para peor esa tarde estaba particularmente frío y lluvioso, y los pobres pibes de las carrozas (los niños iban disfrazados de duendes, hadas, gnomos, y hasta pitufos) se deben haber ensopado. Luego de la cabalgata el Ayuntamiento (o tal vez el Colegio, no sé) sirve chocolate caliente para todos los parroquianos que quieran acercarse a tomar una tacita. Por supuesto el lugar es un hervidero de abuelos (lo digo en una buena…) y nosotros ni nos acercamos. En lugar de ello nos fuimos de poteo por los bares, que estaban todos a reventar (y esto en el 5 por la tarde, que supuestamente no es feriado… pero acá ya saben que nunca se rechaza una buena fiesta).
Lo mejor de la noche para nosotros venía más tarde, pues los amigos de Lore de Erandio (la peñis) tienen la tradición de jugar al amigo invisible la noche del 5 de enero. Luego de la cena entregamos los regalos “de verdad”, y un rato más tarde empezamos a jugar por los regalos “de coña”. La consigna era sencilla: además de los regalos de verdad había que comprar tres regalos extra, lo más baratos e inútiles que fuera posible, y éstos nos los jugábamos en un bingo u otro juego de azar.
Arrancábamos cada uno con sus tres regalos, y nos los jugábamos con un dado y reglas sencillas. Con el 1, pasas uno de tus regalos al que está a tu derecha; con el 2, lo pasas a tu izquierda; con el 3, coges un regalo de tu derecha; con el 4, coges a tu izquierda; con el 5, das uno de tus regalos a quien quieras; y por supuesto, con el 6, coges a quien quieras (cómo me divierte el idioma español!!!).
Luego de dos o tres rondas de dados, lógicamente ninguno tenía ya ninguno de sus regalos originales, por lo que procedíamos a abrir los que tuviéramos. A mí me tocó una bonita cadena de perro, que no me quedaba del todo mal como colgante, he de decir. Además recibí unas velas aromáticas, y un tarrito con plastilinas que Irati recibió a su vez como regalo de Reyes el día después. Ander tuvo la mala fortuna de abrir uno de mis “mejores” regalos, un paquete de pegotines con las letras del alfabeto… sólo que incluía nada más que las letras hasta la J. Alguien que me diga pa’qué cornos sirve eso…
Igual ése no fue el mejor regalo ni de cerca… había un paquete con forma de jamón que terminó siendo una pala de escoba, y una caja grande de cartón que fue la estrella de la noche. Unos hablaban de un microondas, otros de un conejo despedazado, pero nadie quería quedársela; al final fue Karol quien la abrió y descubrió que dentro había un imán de heladera con forma de langostino. Fue una noche divertida.
3 comentarios:
Uffff, me arden los cachetes pero está divertidísimo saber còmo la pasan el 5 a la noche. [Fecha para mí tan significativa por el nacim.de Jackie]. Podemos hacer el juego cuando vengan ta?. Claro, que cuidando la terminología o no?. ja ja ja
ah, qué divertido!
pero que interesantes tradiciones, me encantó lo del viejo boracchín y mugriento, que ganas de conocerlos, jejejej
Nella
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