jueves, 22 de agosto de 2013

London Fields

London Fields, el libro de Martin Amis, tiene que estar ligado a uno de mis primeros vínculos con Londres. Para cuando lo leí, a esa altura del partido ya era anglófilo hace rato, pero London Fields fue uno de los primeros libros que leí en inglés, cuando todavía estaba muy lejos de tener el nivel suficiente para entenderlo.
 
 Al día de hoy, mi teoría es que Martin Amis escribe rebuscadamente a propósito, como un elaborado ejercicio de ofuscamiento, un mecanismo que lo hace de muy difícil acceso a los pobres no-nativos como yo. Aunque también hay que decir que al único de sus libros que leí traducido tampoco le encontré mucho sentido.

Pero bueno, London Fields. Un poco por novedad, y seguramente también un poco como efecto de una limitada comprensión, este libro y en particular algunos de sus personajes se quedaron guardados en mi memoria. Con el paso de los años me plantee releerlo más de una vez, pero cada nuevo libro de Martin Amis me fue alejando más y más de su estilo, y así me fui haciendo a la idea que un buen recuerdo tal vez sea mejor que un mal reencuentro.

Por otra parte, llevo tres años acá y muy poco de lo que he visto me hizo acordar a este libro. 

Esta tarde en la biblioteca, en una de esas raras ocasiones en que estoy trabajando en el mostrador, vino una persona que manifestó trabajar en Three Mills Studio (productora de TV y cine en el barrio), a consultar si tendríamos libros y revistas viejas de las que nos fuéramos a deshacer, ya que estaban en la fase de preproducción para la filmación de London Fields, y necesitaban props que pudieran simular los diarios de Nicola Six.

Fue un extraño momento de comunión entre dos Londons muy diferentes. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Donde está mi casa / a place to call home

En febrero del 2008, pocos días después de haber llegado al País Vasco, Lore y yo fuimos a casa de Mari, donde conocí a "la Peñis", el grupo de amigas de Lore de toda una vida en Erandio. Nos esperaban con un cartel de bienvenida en el que un avión atravesaba un corazón en su camino desde Uruguay a Bilbao (y probablemente un "ongi etorri" también).



5 años más tarde, y escasas horas después de haberle jurado fidelidad a JuanCar (ahora ya soy Uruvasco de ley), nos volvimos a juntar a la noche en casa de Mari (aunque ella ya no vive más allí; muchas cosas han cambiado), esta vez para una despedida.

De estas ya hubo varias, una cada vez que se termina la siempre corta visita a nuestra casa vasca.

Ya llevamos más tiempo en Londres que el que estuvimos en Bilbao, que a su vez fue el doble de lo que estuvimos juntos en Uruguay. Parece que las etapas se estabilizan o ralentizan, una tras otra.

Ahora vuelvo a Londres, una vez más. La última vez que volví tras unos días fuera tuve una sensación inédita. Sabido es que el olfato es el más potente disparador de recuerdos y nostalgias. Al entrar a casa, por primera vez en Inglaterra, mi olfato me recordó cuánto extrañaba el olor de mi casa, ese extraño y particular aroma a moqueta y encierro, a polvo, a nuestra ropa y nuestras cosas.

Después de 10 días fuera y 4 días en un país con idioma extraño, otra vez vuelvo al East End, a jugar de locatario por un tiempo más.