sábado, 3 de agosto de 2013

Donde está mi casa / a place to call home

En febrero del 2008, pocos días después de haber llegado al País Vasco, Lore y yo fuimos a casa de Mari, donde conocí a "la Peñis", el grupo de amigas de Lore de toda una vida en Erandio. Nos esperaban con un cartel de bienvenida en el que un avión atravesaba un corazón en su camino desde Uruguay a Bilbao (y probablemente un "ongi etorri" también).



5 años más tarde, y escasas horas después de haberle jurado fidelidad a JuanCar (ahora ya soy Uruvasco de ley), nos volvimos a juntar a la noche en casa de Mari (aunque ella ya no vive más allí; muchas cosas han cambiado), esta vez para una despedida.

De estas ya hubo varias, una cada vez que se termina la siempre corta visita a nuestra casa vasca.

Ya llevamos más tiempo en Londres que el que estuvimos en Bilbao, que a su vez fue el doble de lo que estuvimos juntos en Uruguay. Parece que las etapas se estabilizan o ralentizan, una tras otra.

Ahora vuelvo a Londres, una vez más. La última vez que volví tras unos días fuera tuve una sensación inédita. Sabido es que el olfato es el más potente disparador de recuerdos y nostalgias. Al entrar a casa, por primera vez en Inglaterra, mi olfato me recordó cuánto extrañaba el olor de mi casa, ese extraño y particular aroma a moqueta y encierro, a polvo, a nuestra ropa y nuestras cosas.

Después de 10 días fuera y 4 días en un país con idioma extraño, otra vez vuelvo al East End, a jugar de locatario por un tiempo más.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué cierto... Esa sensación de mi casa está donde vivo y no necesariamente de dónde vengo... Pequeñas cosas como estas te hacer darte cuenta de que echamos raíces allá donde vamos. Lore

Marianella dijo...

Me hace acordar a mis sobrinas cuando ya están cansadas y quieren "irse a casita" (por mas que ya se han mudado 2 veces). Mas que el lugar "físico", es la sensación de hogar, que la generan las personas.