Se va, se termina, aunque en el aire se siente el otoño hace días. Se
acaba lo último de este verano fugaz que pasó sigiloso y veloz entre
bodas, viajes y dolores de espalda. Me imagino en unos pocos años
recordando el verano del 2013 como el del casamiento B&B, la mejor producción del año aquí, allá o en cualquier parte, y el casamiento de
los patatis, esos amigos que te transmiten alegría y felicidad
en persona o a distancia en iguales cantidades. Uno abrió el verano y
otro lo cerró, y entre medio Londres se vistió de tedio.
Qué bueno que dejamos viajes y festejos para el otoño, ¿no?
Retrocedo un momento. Acusar al verano londinense de tedioso no es
solamente injusto, sino también holgazán (palabra tan deliciosa como
apropiada en mi caso y contexto... si tan solo pudiera extraer mas
eficiencia de tanta holgazanería estival!).
No me hace falta mas q pensar un momento para encontrar momentos
memorables, en mayor o menor escala. Por supuesto está el pequeño
"desvío" con mi vieja por la muy disfrutable Praga con sus techados de
postal y sus cervezas de campeonato.
Y también las pequeñas cosas, como
salir un jueves a la tarde al súper y ver que el sol del atardecer se
refleja en los charcos.del reciente chaparrón, y volver a por la cámara y
buscar esos reflejos otra vez cuando sabés que a los 5 minutos van a
haber desaparecido, y conformarte (por así decir) con una telaraña que
solo se adivina por las gotas.
Londres tiene algo para todos, en pequeña o gran medida. A veces solo se trata de tener la presencia de ánimo para dejarse ir de
esa silla con tentáculos, soltarse de esas teclas que parece que atraen cual
magnetos a las yemas de mis dedos...
Cómo trato de embellecer mis pobres excusas... hay que salir, y en eso
estamos.
Mientras tanto, mis pequeñas victorias de fin de temporada
estival: no haber usado la campera a pesar de este otoño precoz, cerrar
otro año sin haber caído enfermo (y ya van 3), escribir sobre la holgazanería de vez en cuando...
No hay comentarios:
Publicar un comentario