jueves, 14 de febrero de 2019

Memorables

Una cortita y al pie.

La semana pasada hablábamos con nuestros amigos Ibai y Maritxu sobre cómo el sentido del olfato es el que más directamente te conecta con recuerdos y vivencias... Esta tarde estaba revisando un libro publicado en 1964, y su olor me transportó directamente a mi infancia. Primero a los libros de Monteiro Lobato con los que me deleitaba en casa; seguidamente a los de Verne, Salgari o Asimov que tomaba en préstamo de la Cátedra Alicia Goyena.

Pero tan sólo un instante más tarde (¡gracias, corteza prefrontal!)  me vi a mi mismo olisqueando el libro (¡ups!) y me acordé de aquel candidato que se presentó a un puesto de bibliotecario en Londres, en aquellas épocas en que a mí me tocaba evaluar y filtrar las applications, y decidir a quién íbamos a entrevistar. El personaje en cuestión había escrito que se sentía positively excited con el olor que emanaba al hojear los libros. Mi compañera Mandy y yo nos reímos durante años con el párrafo del susodicho (un héroe, a mi modo de ver). Por cierto, no pasó el filtro... 

miércoles, 30 de enero de 2019

¿10 años no pasan en vano?

Escrito hace un año, terminado/publicado recién hoy...

¿Qué mejor ocasión para volver la vista atrás que un aniversario como éste?

Parece que fue ayer (en realidad no) pero ya han pasado 10 años de aquel miércoles (me informa la computadora) 30 de enero de 2008 en que Rolo cumplía y cambiaba de década, como hoy (¡feliz cumple, vieja!), y nosotros, Lore y yo, nos tomábamos un avión con un par de valijas y un sinnúmero de incertidumbres.

Muy poco recuerdo de la mañana del jueves 31 de enero, cuando llegamos a Loiu. En el aeropuerto nos esperaba Felipe, que me recibió con el cariño que con el tiempo me supe ganar, pero que él adelantó generoso, fiel a su talante. El resto de los vagos recuerdos bien pueden ser de otros días, pero destacan la presencia de la (entonces) pequeña Irati y sus musiquitas, las vistas al monte desde Erandio, y el olor del frío, cargado de verde y tan distinto al montevideano. Ése mismo olor que sentí hace unos días, cuando finalmente se apersonó el invierno de este año, y que me llevó directamente a aquellos años en que era novedoso.

No creo que valga la pena un esfuerzo de memoria o un repaso memorioso (que en mi caso por otra parte estaría condenado al fracaso), ni un listado de highlights de estos años un poco nómades desde Londres a Bilbao. Sí es verdad que con el paso del tiempo me fue costando cada vez más trasladar las vicisitudes de la experiencia hacia la página, y que el retorno a Bilbao tuvo mucho de vuelta a casa, en cuanto a que todo parecía un poco más estable o si acaso, menos novedoso.

Tampoco escapa a mi detector de ironías que una de mis principales ocupaciones en CuantoCambio, el paso y la percepción del tiempo, fueran de las principales víctimas en mi sucumbir a la tecnología táctil y sus gratificaciones instantáneas. Si antes podía medir el camino de casa al trabajo en canciones y ahora pierdo la cuenta del número de tweets que entran en el mismo trayecto, puede que la diferencia sea un poco mayor de lo que parece.

En todo caso, son 10 años en éste otro hemisferio. Está lejos de un "¡quién lo hubiera dicho!", pero no está mal tener un número redondo para resetear la cuenta, ¿y tal vez ponerla en manos de Ibai y sus viajes a Uruguay?