Yo estaba contento con mi fuego modesto y mi estrategia de cocción lenta hasta que vino un grupo de rumanos y se instaló en el parrillero de al lado. En cinco minutos levantaron un fuego colosal, que me hizo sentir desgraciado. Bueno, para ser exactos, me hizo sentir desgraciadito.
Pero comimos, y estuvo bueno.
Se me ocurrió llevar el mate; el día y la actividad invitaban. De mis cuatro compañeros, sólo a una le gustó, lo cual de todas maneras superó mis expectativas. Grande Gema, que también me secundó con los choclos asados!
Tengo que confesar que el mate no ha sido una tradición que haya mantenido aquí en Erandio. Me vine con medio kilo de La Selva para nerviosos y aún me queda. El domingo fue una buena ocurrencia, disfrutable, pero por lo general el cuerpo no me lo pide (como sí me pide un partido de futbol, a gritos).
Una tradición que sí he mantenido (aunque ahora que lo pienso no sé si es uruguaya, rioplatense u occidental) es la de los ñoquis cada 29. Hoy fue mi tercer 29 aquí, y la tercera vez que colocamos el billetito bajo el plato. Es también la única oportunidad que tengo de que Fermina me deje cocinar, y me encargo de hacer un tuquito con vino para Felipe, Lore y para mí, y un tuquito sin sal ni panceta para la Fermi (que de a ratos, a los ñoquis les dice chukis, cosa que yo encuentro muy graciosa).
Esta semana promete más uruguayeces, pero de eso les hablaré más adelante.


