Pasó hace un rato la medianoche, y aquí llueve con ganas. Uno de los primeros recuerdos que tengo de la casa de mis abuelos es de cuando me quedaba por dos o tres días. Recuerdo las noches en que me costaba dormir, usualmente por uno de tres motivos: el tic-tac del despertador de mi abuelo, que era muy ruidoso… segundo, mis abuelos, si bien no vivían en el campo, estaban en un barrio de casas con fondos, en los que habían muchos animales, desde perros a gallinas. Los sonidos eran siempre nuevos, siempre difíciles de precisar. Finalmente, el techo era de chapa, y cuando llovía se sentía y mucho. Ese sonido que hoy adoro tanto como añoro, en su momento no me dejaba dormir.
Ahora, en este segundo piso de un apartamento en Erandio, la lluvia cae con fuerza sobre el techo de lona que cubre los voladores (¿o tendederos?).
No es el mismo sonido pero comparte su magia, y sin el más mínimo problema me transporta a la casa de mis abuelos, unos 20 años atrás.
2 comentarios:
Ay Diego, con lo que me gusta a mi la lluvia!. Acá justo está goteando (te cuento que parte del techo de la casa de abuela tiene chapa) así que hoy me dormiré pensando en vos. ¿verdad que la lluvia da también para ponerse nostálgico? te EXTRAÑO. no firmo porque ya debes adivinar quien te escribe...
Decime Dieguito una cosa. ¿Existen ahí las tortas fritas?. Digo, hablando de lluvia asocio.Me imagino que con el olorcito al freirlas se te vendrían todos los vecinos.
Yo también adivino quien te escribió el comentario anónimo. Un abrazo para Ella.
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