La partida estuvo muy bien, y disfrutamos el viaje hasta sobrevolar las islas británicas. Tan pronto comenzó el descenso vimos lo que nos esperaba… el celeste y blanco del cielo y las nubes se convirtió en un gris plomizo y denso. Con la probabilidad de lluvia en 50% para ese sábado, parecía claro qué nos esperaba, pero afortunadamente no llovió gran cosa en el correr del día.
De Gatwick nos tomamos el tren a Victoria Station, y de allí teníamos que combinar vía Tube hacia East Acton, donde vive Vicky, la amiga de Lore que está trabajando en Londres hace algo más de un mes.
Desde allí comenzó la pateada, y comenzamos por Oxford Street, para una de las vistas más típicas de la ciudad. Double-deckers, edificios señoriales, tiendas de todo tipo y color, y sobre todo la gente, mucha gente de procedencia diversa.
Nos guarecimos del frío con un café de Starbucks, y de Soho fuimos hacia Leicester Square pasando por Chinatown. Menudo espectáculo, otra que microcosmos. La vista, el oído y el olfato se transportan por completo durante escasos trescientos metros.
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