jueves, 26 de junio de 2008

Siguiendo con la vena musical…

Mulita mediante, estoy viendo un DVD de Pearl Jam llamado Immagine in Cornice, que muestra los conciertos que dieron en Italia el año pasado junto con algunas entrevistas, ramblings, y algunas otras cosillas.

No es como estar en directo, no es como Ferro en noviembre de 2005, pero está más cerca de lo que había esperado. Para empezar, porque están viejos pero no me importa. Para seguir, porque empiezan con temas relativamente nuevos y menos asentados para ir de a poco hacia los clásicos. Y para terminar, porque igual que en Buenos Aires, hace rato que estoy todo erizado.


El video ya pasa de la mitad y cuando entonan Better Man no puedo dejar de recordar lo que fue para mí esa canción la segunda noche, cuando estaba en el campo, mucho más cerca del escenario y la banda, pero también lejos de mis amigos, que estaban en la grada. Era una pena no poder comentar con Diego cada una de las canciones, de los gestos, todos los momentos inigualables e inolvidables. Fue durante Better Man, decía, uno de los puntos fuertes de la noche, que vi a 5 pibes que estaban delante de mí abrazarse en un círculo y cantarse la canción unos a otros, sin soltarse, sin dejar de saltar. Una comunión mágica, una síntesis perfecta de esa noche tan esperada, tan disfrutada.

En el 2006 y 2007 pasaron por España, y ahora están a punto de iniciar una nueva gira en EEUU… ¿Volverán?

viernes, 20 de junio de 2008

No Me Gustó

Es una pena.

Hace unas semanas, en plena efervescencia post-Vela Puerca, se me ocurrió hacer una breve recorrida web por las bandas locales (montevideanas) para ver si había alguna visita en agenda hacia la “Madre Patria” (qué suerte que por aquí nadie la llama así).

Vi que No Te Va Gustar planeaba una gira por España, no del todo confirmada aún, y en un rapto ilusionado le escribí a Nico, manager él, contándole sobre el recital que había visto hace tan poco, tratando de venderle Bilbao como destino plausible, ofreciéndome a dar una mano si en algo podía ayudar a que vinieran… me llevé una buena sorpresa cuando recibí su pronta respuesta, en la que me decía que le reenviaría el correo a la gente que les maneja la gira en España.

Los días pasaron, y las fechas se confirmaron. No sólo no vienen a Bilbo sino que lo más que se acercan son los 400 kilómetros de Madrid. Ta difícil

Para mejor me entero que en julio viene (pero no viene) Buitres…

Ufa!

martes, 17 de junio de 2008

Más juicioso

Me quedan anécdotas de la despedida de soltero por contar… y puedo asegurar que ésta no es una de las que tenía en mente, pero aquí va. En Gijón, tras la primera noche (o tal vez la segunda?) me desperté con un dolor de muelas tirando a monumental. ¿Habrá sido la sidra? ¿El esfuerzo del remo? ¿El traqueteo de las 4 horas de bus? Sea lo que fuere, jodía bastante.

Y digo jodía, porque luego de 4 o 5 días difíciles la cosa fue “remitiendo” (como dicen por aquí… sé que es correcto, pero nosotros como que no lo usamos mucho, ¿no?) hasta convertirse en un mal circunstancial y mayormente matutino. Hoy fue la primera mañana en que me desperté sin dolor, y casi sin molestias. Oh casualidad, hoy era el día en el que tenía cita agendada con el dentista. Soy buen uruguayo en eso, ¿no? Pero no fue que lo dejara para último momento… fue lo que me dieron cuando llamé la semana pasada.

Y bueno, resultó, como parecía ya bastante obvio, que una de las muelas del juicio estaba pugnando por terminar de salir. Yo que pensé que brillaban por su ausencia, hoy me entero que una está afuera y la otra casi del todo (no me hice revisar el lado izquierdo… no quería parecer inmaduro!).

Es así… nos vamos poniendo viejos y (tal vez, sólo tal vez) juiciosos.

Más consecuencias gijonesas (y de la tarde del sábado pasado en la playa): estoy bastante despellejado.

martes, 10 de junio de 2008

Más andanzas

Este fin de semana fue novedoso por donde se lo mire. Se celebró la despedida de soltero de Gavino (el novio de la prima de Lore) y nos fuimos para Gijón, en Asturias.

Eran 24 de la cuadrilla (el equivalente vasco a la barra de amigos) y un par de outsiders (Jon, el novio de una amiga de Bea, y yo).

A las 7 de la tarde nos encontramos en el bar donde siempre se reúnen estos tipos, y una hora después llegó el bus (contratado) para llevarnos hacia Gijón. Contando una parada que hicimos para cenar, fueron 4 horas y media de viaje.

Esa noche hubo una primera salida “de reconocimiento” por la ciudad (bueno, por la zona de boliches, en realidad), pero fue solo un rato ya que a la mañana siguiente había que estar en pie temprano.

El sábado por la mañana, uno de los platos fuertes del fin de semana: el descenso del Río Sella. Consiste en una travesía de 15 kilómetros en canoa desde Arriondas a Llovio, un recorrido en que el río está flanqueado por bosques y montañas. La mayor parte del descenso es tranquilo, con una leve corriente que te ayuda (a no morir remando) y hay también algunas zonas con rápidos, donde el asunto se pone verdaderamente interesante.

Así que allí estábamos nosotros, muñidos de trajes de surfista y salvavidas, de a ratos remándola y a veces dejándonos llevar (¡literalmente!). Cuando nos encontrábamos con una playita parábamos a tomar sol (así quedé…), comer algo, o simplemente reírnos con las cosas que iban pasando.

Una de las pocas recomendaciones que nos dio el instructor antes de salir (además de las básicas del remo) fue que cada vez que nos encontráramos con una bifurcación en el río la tomáramos por la derecha, para evitar los rápidos más peligrosos. Fieles al espíritu del fin de semana, yo veía como todas las bifurcaciones las tomábamos por la izquierda, invariablemente. Así se dio el primer momento chungo (jodido) de la mañana (aunque también fue el origen de un chiste que seguramente pasará a los anales de la cuadrilla). Nos encontramos con un rápido un poco más rápido que los anteriores, con la complicación extra de que tenía una curva pronunciada hacia la derecha, y en seguida otra hacia la izquierda (una chicana en toda regla). Al tomar por allí, Jon y yo íbamos terceros en un grupo de 4 canoas que iban relativamente cerca una de otra. Vimos cómo la primera canoa era arrastrada por el rápido y cómo los dos pibes no podían doblar a tiempo en la primera curva y el rápido los arrastraba hacia la orilla, dándoles vuelta la canoa. Un momento después la segunda canoa corría la misma suerte, y antes de darnos cuenta nosotros no fuimos la excepción. De repente me vi sumergido en el agua, con la canoa encima de mí, pateando para salir a flote antes que la cuarta canoa se nos viniera encima. Para hacer las cosas más interesantes un tronco de árbol venía flotando peligrosamente entre nosotros.

En definitiva la cosa no pasó a mayores. Ninguno recibió golpes muy severos y agarrándonos a las canoas, al tronco o a los remos, mal que bien logramos arrimarnos a una orilla cercana donde hicimos reconocimiento de daños (uno de los pibes tuvo un corte superficial en el cuello, probablemente contra una rama, y yo perdí mis lentes de sol, pero no perdimos canoas, remos ni bidones, lo cual fue una muy buena noticia). Pasado el susto, todos estábamos a las carcajadas, especialmente porque el primero en caer, que además era algo así como el capitán del grupo (Capitán es uno de sus motes) no tuvo mejor idea que gritar “¡Ayudarme!” cuando se cayó de su canoa, y luego, obviamente, no dejaron de repetírselo y de reírse en su cara.

Un rato después, Jon y yo tuvimos una nueva caída en un rápido (que por suerte era bastante llano). Íbamos a buena velocidad y no pudimos evitar darle de costado a una roca que sobresalía del agua, y que nos dio vuelta la canoa. En esa zona el piso era todo de piedras, y entre la fuerte corriente y el suelo desigual se nos hacía difícil aguantar la canoa sin que se nos la llevara el río. Yo estaba totalmente concentrado en la tarea y hasta último momento no vi que se nos venía encima otra canoa. Para cuando me gritaron no había manera de eludirla, y sólo pude darme vuelta un poco, cuestión que me ligué un “canoazo” en plena cadera. Otra vez, pudo ser mucho peor que lo que fue, ya que no me quedó ni un moretón.

En total nos tomó algo más de 4 horas hacer todo el descenso. Al llegar nos llevaron en camioneta al punto de partida, donde estaba el bus preparado para devolvernos a Gijón. Tendríamos algo más de una hora para descansar y reponer energías, antes de disfrazar a los novios (son 2 los que se casan el mes que viene) y salir a exhibirlos por la ciudad.

Lo que vino después también amerita relato, pero quedará para la próxima.

lunes, 9 de junio de 2008

Insolado


Ya vendrán las explicaciones de rigor... pero por ahora les digo que valió la pena!

domingo, 1 de junio de 2008

Explorar extraños nuevos mundos

Con lo nuevo de REM de banda sonora (Living well is the best revenge) me fui a pelear la tarde libre.

El cielo estaba medio gris y medio celeste, o sea, como tantas otras veces. Al llegar al metro, un poco porque era el mejor pretexto, tomé hacia donde se vaía más celeste. Como argumento no era el mejor, tal y como probó el chaparrón que me esperaba al bajar en destino. Pero también había más por descubrir para este lado.

Parece que de a poco me voy haciendo más vasco… no sé si porque no me importaba mojarme un poco, o porque me estoy volviendo tozudo (donde fueres…) opté por no llevar euritako, otra vez. Así que cuando arreció la lluvia (conmigo caminando hacia la playa, nada menos) hube de refugiarme bajo un techo. Como ya dijo el Enano, “Va a escampar”.

Cuando efectivamente amainó retomé el plan inicial. Tan pronto emergí de mi techo protector me di cuenta que más de la mitad del cielo ya estaba celeste, y por un rato estuve caminando con capucha y lentes de sol.

Me propuse preguntarle a Fermina, que sabe muchos más refranes que la mayoría de nosotros, si aquí se estila eso de “lluvia con sol, se casa una vieja” pues en ese caso la población de solteronas de Euskadi será ínfima.

Busqué el arcoíris y traté de sacarle una foto (que no salió).

Dejé la avenida y me interné en un camino vecinal. Luego de 10 minutos las casas desaparecieron, y si no fuera por el asfalto y las montañas alrededor (siempre presentes), podría haber creído que estaba en algún balneario de la Costa de Oro, o en algún lugar del interior… por un rato sólo se escucharon los pájaros, y al final de una cuesta apareció el mar.