Me quedan anécdotas de la despedida de soltero por contar… y puedo asegurar que ésta no es una de las que tenía en mente, pero aquí va. En Gijón, tras la primera noche (o tal vez la segunda?) me desperté con un dolor de muelas tirando a monumental. ¿Habrá sido la sidra? ¿El esfuerzo del remo? ¿El traqueteo de las 4 horas de bus? Sea lo que fuere, jodía bastante.
Y digo jodía, porque luego de 4 o 5 días difíciles la cosa fue “remitiendo” (como dicen por aquí… sé que es correcto, pero nosotros como que no lo usamos mucho, ¿no?) hasta convertirse en un mal circunstancial y mayormente matutino. Hoy fue la primera mañana en que me desperté sin dolor, y casi sin molestias. Oh casualidad, hoy era el día en el que tenía cita agendada con el dentista. Soy buen uruguayo en eso, ¿no? Pero no fue que lo dejara para último momento… fue lo que me dieron cuando llamé la semana pasada.
Y bueno, resultó, como parecía ya bastante obvio, que una de las muelas del juicio estaba pugnando por terminar de salir. Yo que pensé que brillaban por su ausencia, hoy me entero que una está afuera y la otra casi del todo (no me hice revisar el lado izquierdo… no quería parecer inmaduro!).
Es así… nos vamos poniendo viejos y (tal vez, sólo tal vez) juiciosos.
Más consecuencias gijonesas (y de la tarde del sábado pasado en la playa): estoy bastante despellejado.
1 comentario:
Diegui!: Cómo duele el juicio!. Te lo van a extraer?. Nunca supe bien para q´sirve tenerlo. A casi toda la gente que conozco se lo han tenido que sacar. Por acá una semanita de cine Vasco en cinemateca.Todo conspira para tenerte en nuestro pensamiento ¿viste?.
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