martes, 21 de abril de 2009

4 días y más de 1.000 kilómetros por Navarra

Happy Easter con poco chocolate y sin huevos por acá. Cuestión de costumbres. Tampoco Semana de Turismo pero sí Semana Santa, muy Santa con procesiones de hombres descalzos y disfrazados de Ku-Klux-Klan (con perdón, pero es que es very strong). Creepy, as a matter of fact. Y si no, vean:

Eso fue el Domingo de Ramos, pero los feriados acá van del jueves al lunes (acá y en algunas otras Comunidades hay lunes de Pascua, aunque no me lo explico bien) y nosotros aprovechamos para irnos de vacaciones a Navarra. Alquilamos un auto y anclamos en Pamplona, para desde allí hacer un tour por los más variados y pintorescos parajes y pueblitos que se puedan imaginar.

El primer día fuimos hacia Tudela, al sur casi rozando Aragón, y por ende la zona menos vasca de toda Navarra. Yo no lo tengo muy claro pero hay reivindicaciones históricas que claman por Navarra como parte del País Vasco, y la cosa parece estar un poco dividida. Cuanto más al norte más euskera y más ikurriñas; cuanto más al sureste más castellano. Mucho que ver con la historia, bastante que ver con la geografía y la política, sin dudas.

El caso es que en Tudela, tan al sur, la ikurriña que vimos en la plaza casi me sorprendió más que los nidos de cigüeñas en los campanarios. Qué bichos grandes las cigüeñas! Y qué ruido raro que hacen…

Desde Tudela nos fuimos al Parque Natural de las Bardenas Reales, una zona semidesértica que supongo es lo más parecido al Cañón del Colorado que se puede encontrar por estas latitudes. Por un momento, breve, fue posible lograr eso que es casi impensable por aquí: estar en un lugar 100% natural (para mejor un desierto, nada menos), y sin gente alrededor. Estuvo muy bien.

Las Bardenas Reales también supusieron uno de los mejores momentos del viaje para mí, ya que había un camino de tierra de unos cuantos kilómetros para rodear el parque, y yo aproveché para manejar un rato y sacarme (un poco) las ganas.

El día siguiente fue el que pasamos más tiempo en Pamplona, y también fue el día en que más llovió, así que los chubasqueros salieron a pasear con nosotros. El tiempo no nos ayudó nada, la verdad, y Pamplona tampoco era el objetivo del viaje. Recién ahora abro uno de los tantos folletos turísticos que nos trajimos, y veo que hay un montón de cosas que no vimos. De lo que sí vimos quedaron algunas fotos. Lo que sí me traigo de Pamplona son los recuerdos del Hostal (ir de un piso a otro porque Lore y yo estábamos en el 4to y las chicas en el 3ro, o hablar de ventana a ventana), las comidas en sitios extraños (el almuerzo en un restorán truculento, donde había que atravesar un primer piso lleno de borrachos; un almuerzo en un café que seguro haría acordar al viejo Sorocabana por lo amplio y señorial, y donde nos clavaron con un jugo de naranja carísimo; cenar unos pintxos en un boliche, y probar la típica txistorra con un buen tinto, como me aconsejaron), y la gente que a la menor pregunta que le hicieras, se largaban a hablar por media hora y no había cómo callarlos…

De camino a Pamplona habíamos pasado por Olite, un pueblo famoso por su Castillo-Palacio medieval. Olite es la capital del vino, aparentemente, pero sólo estuvimos por la mañana, así que no lo pudimos comprobar fehacientemente. Así que menos vino, pero más fotos para ver.

Queda mucho viaje por delante, luego sigo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Diegui: quizás Lorena y tú no tengan idea de la dimensión de información que ponen a nuestro alcance, al mostrar vivencias y fotos de sus días europeos. Como siempre, tan dispuesto a compartir buenos momentos/recuerdos con los familiares y amigos. Pandaabrazo a ambos y felices Pascuas de una re-abuelita reciente(Toé Pedro,hijo de Maena).