martes, 24 de agosto de 2010

Replay sentimental y cabalístico

En mi primera visita a Londres en agosto del 2003, aproveché el fin de semana para visitar el estadio del Arsenal, Highbury, en el día en que se jugaba un partido contra el Aston Villa. Un rato antes del inicio del partido me fui hasta Highbury & Islington station, y desde allí caminé con otros fans hasta el estadio. Me compré el matchday programme, una bufanda, y me volví a la hora del kick off, ya que las entradas estaban agotadas.

El Arsenal ganó 2-0 en lo que fue el 3er partido de la temporada de los "Invencibles", campeones invictos.

El sábado pasado se jugaba la segunda fecha de la Premier League, y era el primer partido de locatario de la temporada. Otra vez las entradas estaban agotadas, pero aún así repetí la procesión hasta el nuevo estadio (Highbury fue reconvertido en un complejo de apartamentos, y a unas 3 o 4 cuadras se construyó el Emirates Stadium, que aloja 61.000 personas frente a las 38.000 que entraban antes).


Esta vez ganamos 6-0, y por ahora seguimos invictos. No creo que se mantenga por toda la temporada, pero supongo que a un hincha no se le puede pedir que reniegue de sus cábalas, ¿no?


El Emirates no tiene el encanto que tenía el pequeño Highbury (al que los hinchas ingleses aluden en femenino), pero aún así impresiona muy positivamente. En unas semanas lo veré por dentro.

domingo, 15 de agosto de 2010

Más aniversarios, y vueltas de tortilla

El martes pasado cumplimos un mes en Londres. Venía pensando hace un rato qué diferente es la historia cuando uno viaja de turisteo, a cuando hay que ocuparse del día a día, y de los trámites para hoy y para mañana también.

Este mes fue relativamente duro en cuanto a los trámites y el papeleo. Nada del otro mundo, por supuesto, y quejarse sería un poco desubicado porque no hay que perder de vista la perspectiva, pero el tema cansa igual. Especialmente cuando te lo ponen difícil, que parece ser la mayoría de las veces.

Como el banco, por ejemplo. Cuando fui por primera vez me atendieron tan bien que salí casi emocionado. Pensé que había sido la mejor experiencia de “customer service” que había tenido en mucho tiempo, tal vez la mejor ever. Hoy, luego de haber ido unas 6 o 7 veces en tres semanas porque de todo lo que me dijeron y prometieron se cumplió a duras penas la mitad, luego de soportar que por su culpa se me atrasaran otros trámites por varios valiosos días, estoy pensando en que fue todo un engaño, y en que me voy a cambiar de banco a la primera oportunidad. ¿Me consuela que los empleados del banco al verme entrar me digan “Hello Diego”? ¡Por cierto que no!

Tengo anécdotas similares con el servicio de salud pública, y aún peores con la empresa del ADSL. Como se suele decir, ahora vemos la luz al final del túnel, pero este túnel de burocracia estaba tan embotellado como las avenidas londinenses un día de semana a las 6 de la tarde. Se requiere mucha paciencia.

La transición no es sencilla, y perseguir los sueños conlleva sacrificios que no es fácil asumir. Como dice la Trotsky, el alma en dos. Tal vez por eso el martes no estábamos del todo “upbeat” al festejar este mini aniversario. Sin embargo, ¿qué mejor que abrir uno de los paquetes de chorizo ibérico que nos trajimos para las ocasiones especiales, y regalarnos una buena cena, en mi caso acompañada con un vasito del tintorro que aún me queda? Nada mejor para cambiar la pisada.

Y, como si a la vuelta del mes le siguiera la vuelta de la tortilla, al día siguiente cambió el sentido de la peripecia burocrática y el banco finalmente nos acreditó una plata que estábamos esperando, nos activaron la conexión al ADSL, y en la tienda telefónica me devolvieron lo que me habían cobrado de más sin ponerme (más) trabas. Un día completo que festejamos yendo al Lock Tavern, un bar con toda la onda donde escuchar buena música, ver gente muy pintoresca (por llamarla de alguna manera) y por supuesto, tomarse una pinta haciendo planes para el fin de semana, imaginando qué cosas nuevas vamos a ver.

Está bien bajarle la pelota a los trámites, y dedicarse a disfrutar.

Y en eso estamos.

sábado, 7 de agosto de 2010

Ingleses amargos

El proceso de habituación a las bebidas del lugar sigue, con grandes avances en estos dos últimos días.

El tema con el café ya se estaba volviendo un tanto insoportable. Me había acostumbrado (y me quedaba muy cómodo) a elegir entre un cortado y un café con leche, y a lo sumo tener que pedir un descafeinado, o que fuera de sobre (instantáneo) en vez del usual de la máquina de café. Pero resulta que por aquí la cultura Starbucks está totalmente instalada, y parecía casi imposible conseguir que te sirvieran un café en un vaso que no fuera a) de plástico, y b) de 250ml, como mínimo. Y está todo bien con querer tomar muuucho café de vez en cuando, pero como regla general, no está bueno.

Hay que sumarle que ahora lo de “cortado” y “con leche” ya no corre, y hay que discernir entre “americano”, “espresso”, “latte”, “mocha” y por supuesto, “capuccino”, a ver cuál se parece un poco más a lo que uno tenía ganas de tomar. Por suerte descubrí que el americano (café sólo) también se vende como “americano white”, o sea, el viejo y querido café con leche. Mejor que el latte, que no tiene gusto a nada, y que el capuccino, que es pura espuma y no se lleva nada bien con el plástico. En realidad, ninguno de ellos se lleva bien con el plástico, pero hay casos en que se nota aún más.

No encuentro razón más factible para tanto plástico que el hecho de que aquí la gente está siempre corriendo de un lado a otro, y comiendo y bebiendo mientras se desplazan. La cantidad de gente que come en los buses y en el metro es impresionante (y desagradable).

Pero bueno, el tema es que ayer tuve un breakthrough cuando fui a un café libanés y vi que vendían “café machiato”. Una opción más para aprender, pensé al principio, pero como sonaba bien lo pedí, y cuál no fue mi sorpresa cuando me lo sirvieron en un pequeño vasito de vidrio! Fue un momento sublime, por fin una luz de esperanza entre tanto café XXL!

A todo esto se preguntarán por qué el título de “ingleses amargos”… y es que entre tanto café tamaño familiar, por el contrario los sobres de azúcar son tamaño mini. Nada de 7,25 gramos, mucho menos 10. Éstos ni siquiera dicen cuánto contienen, pero no creo que pasen de 5, y con mucha suerte. Así que me estoy acostumbrando a echar alrededor de 5 sobrecitos de azúcar, para que el ‘mega vaso’ se acerque un poco al sabor pretendido. Si es que, como decía Felipe, esto es una lucha!

domingo, 1 de agosto de 2010

Donde fueres...

Por extraño que parezca, uno de los recuerdos más claros que tengo del curso de Auxiliar Contable que hice en 1997 refiere a nuestro profesor de Contabilidad enseñándonos (imagino que a la mayoría de nosotros) el refrán "Donde fueres, haz lo que vieres".

Ya no recuerdo a cuento de qué venía, pero no me extrañaría que fuera a raíz de alguna anécdota autorreferencial de ésas que a él tanto le agradaban (he was so fond of himself).

El profe siguió su camino, probablemente hacia la dirección de alguna Escuela de UTU (creo que ésa era su ambición), y yo seguí el mío hasta esta ciudad donde el vino se cotiza como si las uvas fueran una especie en extinción.

el precio de cada copa...
Es así que el txikitero por adopción ha tenido que aparcar de momento una de sus aficiones de los últimos 30 meses, y retomar el camino del lúpulo y la cebada, que había dejado atrás en bares montevideanos, acompañado de amigos y sabrosas muzzarellas.

Pero ya lo dice el dicho, y el turismo gastronómico es fundamental en nuestro proceso de adaptación y aclimatación, por lo que yo me estoy dedicando concienzudamente a la tarea... empecé con botellas de Coronita y ya voy por las half-pints, camino a la pint de rigor en todo lugareño que se precie.

entrándole a la Coronita con Goiz
Además, así como en Bilbo tenía varias denominaciones de origen e innumerables variedades y marcas para catar, aquí tengo también una variedad como para explorar a gusto. De momento la Carling me supo parecida a la Pilsen, lo que no es un mal comienzo.


¿Más gastronomía vernácula? Por supuesto. El domingo pasado, de recorrida por Kensington, nos regalamos el almuerzo típico del día: Sunday Carvery. No sé si le llega a los tobillos a una buena tortilla, al jamón ibérico, o a un buen asado. Tampoco sé si la comparación vale la pena. Es vernáculo y tradicional, es parte del proceso de adaptación.

Eso sí, por si algún día se me sale la cadena de este interesante proceso, me compré una botella de Cabernet Sauvignon chileno (Don Pascual no encontré...), y en la heladera tenemos 2 paquetes de chorizo ibérico, esperando para ser degustados cuando la ocasión así lo amerite o requiera. Que está todo bien con la Carling y la Carvery, peeeero...