domingo, 15 de agosto de 2010

Más aniversarios, y vueltas de tortilla

El martes pasado cumplimos un mes en Londres. Venía pensando hace un rato qué diferente es la historia cuando uno viaja de turisteo, a cuando hay que ocuparse del día a día, y de los trámites para hoy y para mañana también.

Este mes fue relativamente duro en cuanto a los trámites y el papeleo. Nada del otro mundo, por supuesto, y quejarse sería un poco desubicado porque no hay que perder de vista la perspectiva, pero el tema cansa igual. Especialmente cuando te lo ponen difícil, que parece ser la mayoría de las veces.

Como el banco, por ejemplo. Cuando fui por primera vez me atendieron tan bien que salí casi emocionado. Pensé que había sido la mejor experiencia de “customer service” que había tenido en mucho tiempo, tal vez la mejor ever. Hoy, luego de haber ido unas 6 o 7 veces en tres semanas porque de todo lo que me dijeron y prometieron se cumplió a duras penas la mitad, luego de soportar que por su culpa se me atrasaran otros trámites por varios valiosos días, estoy pensando en que fue todo un engaño, y en que me voy a cambiar de banco a la primera oportunidad. ¿Me consuela que los empleados del banco al verme entrar me digan “Hello Diego”? ¡Por cierto que no!

Tengo anécdotas similares con el servicio de salud pública, y aún peores con la empresa del ADSL. Como se suele decir, ahora vemos la luz al final del túnel, pero este túnel de burocracia estaba tan embotellado como las avenidas londinenses un día de semana a las 6 de la tarde. Se requiere mucha paciencia.

La transición no es sencilla, y perseguir los sueños conlleva sacrificios que no es fácil asumir. Como dice la Trotsky, el alma en dos. Tal vez por eso el martes no estábamos del todo “upbeat” al festejar este mini aniversario. Sin embargo, ¿qué mejor que abrir uno de los paquetes de chorizo ibérico que nos trajimos para las ocasiones especiales, y regalarnos una buena cena, en mi caso acompañada con un vasito del tintorro que aún me queda? Nada mejor para cambiar la pisada.

Y, como si a la vuelta del mes le siguiera la vuelta de la tortilla, al día siguiente cambió el sentido de la peripecia burocrática y el banco finalmente nos acreditó una plata que estábamos esperando, nos activaron la conexión al ADSL, y en la tienda telefónica me devolvieron lo que me habían cobrado de más sin ponerme (más) trabas. Un día completo que festejamos yendo al Lock Tavern, un bar con toda la onda donde escuchar buena música, ver gente muy pintoresca (por llamarla de alguna manera) y por supuesto, tomarse una pinta haciendo planes para el fin de semana, imaginando qué cosas nuevas vamos a ver.

Está bien bajarle la pelota a los trámites, y dedicarse a disfrutar.

Y en eso estamos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si,mucha,mucha paciencia.pues si bien sarna con gusto no debiera picar, a veces tanto atasco sabe a mucho.Lo del banco está en la tapa del libro (en cuanto la oportunidad sea propicia).Que se guarden el "hello Diego" donde mejor les quede.In the meantime congratulations por las buenas noticias bien recibidas y mejor festejadas!! ma.