domingo, 1 de agosto de 2010

Donde fueres...

Por extraño que parezca, uno de los recuerdos más claros que tengo del curso de Auxiliar Contable que hice en 1997 refiere a nuestro profesor de Contabilidad enseñándonos (imagino que a la mayoría de nosotros) el refrán "Donde fueres, haz lo que vieres".

Ya no recuerdo a cuento de qué venía, pero no me extrañaría que fuera a raíz de alguna anécdota autorreferencial de ésas que a él tanto le agradaban (he was so fond of himself).

El profe siguió su camino, probablemente hacia la dirección de alguna Escuela de UTU (creo que ésa era su ambición), y yo seguí el mío hasta esta ciudad donde el vino se cotiza como si las uvas fueran una especie en extinción.

el precio de cada copa...
Es así que el txikitero por adopción ha tenido que aparcar de momento una de sus aficiones de los últimos 30 meses, y retomar el camino del lúpulo y la cebada, que había dejado atrás en bares montevideanos, acompañado de amigos y sabrosas muzzarellas.

Pero ya lo dice el dicho, y el turismo gastronómico es fundamental en nuestro proceso de adaptación y aclimatación, por lo que yo me estoy dedicando concienzudamente a la tarea... empecé con botellas de Coronita y ya voy por las half-pints, camino a la pint de rigor en todo lugareño que se precie.

entrándole a la Coronita con Goiz
Además, así como en Bilbo tenía varias denominaciones de origen e innumerables variedades y marcas para catar, aquí tengo también una variedad como para explorar a gusto. De momento la Carling me supo parecida a la Pilsen, lo que no es un mal comienzo.


¿Más gastronomía vernácula? Por supuesto. El domingo pasado, de recorrida por Kensington, nos regalamos el almuerzo típico del día: Sunday Carvery. No sé si le llega a los tobillos a una buena tortilla, al jamón ibérico, o a un buen asado. Tampoco sé si la comparación vale la pena. Es vernáculo y tradicional, es parte del proceso de adaptación.

Eso sí, por si algún día se me sale la cadena de este interesante proceso, me compré una botella de Cabernet Sauvignon chileno (Don Pascual no encontré...), y en la heladera tenemos 2 paquetes de chorizo ibérico, esperando para ser degustados cuando la ocasión así lo amerite o requiera. Que está todo bien con la Carling y la Carvery, peeeero...

sábado, 24 de julio de 2010

Bienvenida y aniversario

Hola!

Como siempre, voy a empezar con una referencia temporal. Hace hoy 2 semanas que estamos en Londres, y una semana que nos instalamos. Fueron, como podrán imaginar, 2 semanas muy intensas, por momentos duras y difíciles, pero también con muchos buenos momentos. Como hoy, que aprovechamos la visita de Nuria y Nieves, y nos regalamos nuestro primer día de turisteo en serio, con paseo por el Támesis y por Hyde Park incluidos.

Y es que salvo al día siguiente de nuestra llegada, cuando fuimos a Camden Town más para comprar calzado que para disfrutar del mercadillo (que también lo hicimos), estos 15 días fueron más de aterrizaje y burocracia que otra cosa.

La primera semana se nos fue casi completa en la búsqueda de alojamiento. Vimos tantos apartamentos y monoambientes como pudimos, con un rango de precios desde lo caro a lo carísimo, y de calidad desde lo aceptable a lo intolerable. Casi sobre la campana encontramos un apartamentito acogedor y con vistas a un parque, y tras sopesar nuestras alternativas nos lanzamos a por él. Está un poco más lejos del estadio del Arsenal de lo que yo hubiera querido, pero por lo demás no nos podemos quejar. La verdad es que está coqueto.

Lore lleva casi dos semanas de trabajo y yo, en esos primeros días sin conexión a internet (y por ende sin laburo), aproveché el pretexto de ayudarla a moverse por la ciudad para acompañarla de aquí para allá, y para empezar con algunos de los muchos trámites necesarios para registrarnos en el Ayuntamiento y la policlínica, abrir cuentas bancarias, contratar línea telefónica... mucha burocracia. La verdad es que en España tuvimos muchos trámites que hacer, pero Inglaterra no le va en zaga. Es un tema que me altera el humor rápidamente, así que lo voy a retomar cuando no sea más que una anécdota, o tal vez no.

Sí puedo decir que me volví cuasi-experto en líneas de bus y metro, lo que no deja de ser bastante práctico.


Por lo demás, estas 2 semanas estuvieron repletas de detalles pintorescos y novedosos. Voy a tratar de sumarlos a los que se sigan presentando, para que las actualizaciones en CuantoCambio dejen de ser semestrales. Creo que ahora lo voy a tener más fácil.

jueves, 28 de enero de 2010

Jugando de locatario

Es por lo menos peculiar que desde nuestra mudanza en Mayo de 2009, hace ya tantos meses, CuantoCambio haya quedado poco menos que en el olvido, salvo por una reseña de la mudanza, y por el evento nada menor de la visita de NTVG.

Tal vez fue que a partir de entonces tuve que dedicar tiempo a las tareas de la casa, tiempo que antes podía utilizar pensando y escribiendo. Creo sin embargo que es más posible que el arribo a San Vicente, a nuestro amplio e independiente apartamento, haya tenido mucho de llegada a destino. Y que luego de tanto cambio de país, de estado civil, de situación legal, de residencia, el cambio haya dado lugar a la estabilidad y el descubrimiento de las nuevas rutinas, el día a día de conocerse con las panaderas y las cajeras del súper, de re-adiestrarse en la cocina, de poner el lavarropas, de disfrutar la ducha con su excelente presión de agua (por supuesto, sólo comparable a las visitas a Buenos Aires; ese es otro aspecto que liga a Barakaldo con Buenos Aires, en una más de mis ocurrentes semejanzas que nadie más parece ver).

En el camino quedaron el primer retorno al paisito, y una segunda visita, casi improvisada, para pasar Navidad en verano. También un fin de semana con Felipe y Fermina por Asturias, en el que por fin me pude sacar las ganas de manejar y manejar por autopistas y carreteras comarcales. Y en fin de año, también, un paseo rápido por Madrid bajo la lluvia pertinaz, festejando el reencuentro con la vaskita y nuestros 3 años juntos.

Y alrededor de todo esto, las rutinas cotidianas. Me siento como Auggie Wren cuando miro la Plaza y la Iglesia desde la ventana de este cuarto piso. Veo pasar el tiempo a pesar de que el reloj marca siempre las 8.05; veo cómo la luz cambia cada día a esa misma hora (la que marca mi reloj, no el de enfrente), veo los árboles perder sus hojas, las tormentas que vienen y van, las nubes lejanas que se mueven hacia arriba en vez de hacia un lado y aún no puedo entender, los críos y sus amas apurándose hacia la escuela minutos antes de las 9… y con todo eso, y con otras cosas, cambió CuantoCambio.

Ya vendrán los cuentos de la panadera telépata o de las gemelas ferreteras, de las verbenas en la plaza, y las doñas que te llaman ‘majo’ y ‘guapo’, de las rabas del domingo y mis infrecuentes proezas culinarias. Los ingredientes de la vida en San Vicente.

viernes, 24 de julio de 2009

Atemporal

Por alguna extraña razón, o varias, mis últimos intentos de abonar el blog han fracasado rotundamente.

Y el tiempo, a veces, parece que se nos viene encima, no? Como si el tiempo no respetara nuestro tiempo...

En fin, que entre tanta ola de frío por allá y ola de calor por acá, de invierno cruel y verano sin descanso (qué cosa cruel), se me ocurrió unir invierno y verano, aquí y allá, con un poco de ambos.

Este video (que sé que se escucha bastante mal y no se ve mucho mejor), fue grabado durante la visita guiada a la Alhambra que hicimos en febrero, en el invierno andaluz que se sentía tan o más cálido que casi todos los días de verano de acá.

La guía es Inma, que nos cuenta sobre las fronteras de Granada y sobre el Albaicín, un barrio de casas blancas desde el que hay preciosas vistas de la Alhambra con la Sierra Nevada de fondo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Banderas en tu corazón

No Te Va Gustar pasó fugazmente por Bilbao, y la euforia fue también fugaz, aunque no por eso menos intensa.

Había estado esperando una buena ocasión para sacar a pasear la bandera, y ésta parecía la mejor oportunidad posible. Munidos de nuestras entradas, y de mucha expectativa, nos fuimos de excursión a la noche uruguaya en la Villa.

Llegamos 5 minutos antes de la hora estipulada, y contábamos con un buen “retraso uruguayo” antes que empezara el recital, pero no tuvimos que esperar ni 10 minutos para que todo se pusiera en movimiento.

Al local, no muy grande, le sobraba espacio por todos lados salvo en la más absoluta proximidad al escenario, donde tan pronto aparecieron Emiliano y Cía., unos 20 o 30 uruguayos y tal vez algún que otro vasco (pero sólo tal vez) nos apretamos para vivir un recital con la cercanía que en Montevideo sería imposible experimentar.

Los que me acompañaron a ver a los Buitres en La Cascada, en Migues, sabrán de lo que hablo, y de cómo las sensaciones son completamente diferentes. Así como el Pepe Rambao le dedicó una canción al Caracú, por un simple pedido nuestro podríamos haber logrado nosotros otro tanto, de habérnoslo propuesto. Vimos cómo un par de minitas se lo conversaban al del trombón, durante un tema, y después no lo dejaban irse, al final del recital. Vimos cómo Emiliano se bajó del escenario a hacer pogo con la gente durante “Fuera de Control”. Casi sobre el final, vimos cómo volvió a bajar y se fue para un costado, al lado nuestro, y le dio la púa de su guitarra a una señora, cuarentona o cincuentona, que había estado apreciando el recital desde un costado, pero siempre en primera fila. Yo, que estaba al lado y lo vi todo, no pude evitar acercarme a ella, pues su cara era un poema. Resultó que no tenía ni p*ta idea de lo que le habían dado, y le expliqué para qué servía. No me pareció que se sintiera especialmente halagada, pero quién sabe…

Estuvimos por casi dos horas rodeados de camisetas de Peñarol, Nacional, Uruguay y hasta de Aguada. También de unas cuantas banderas. Se escucharon unos cuantos “dale che!” y “Vamo’arriba!”, y por supuesto, el “Soy Celeste”. Dejando de lado la música, una de mis mayores satisfacciones fue prestarles la bandera a varios compatriotas que se querían hacer fotos con ella. Aún así, y al igual que con el recital de La Vela Puerca, no tuve en ningún momento el impulso de hablar con nadie, salvo tal vez con la veterana, que probablemente no era uruguaya. Qué se yo…

Tengo un par de videos, que se ven un poco mal y se escuchan peor, pero pueden llegar a dar una mejor idea del ambiente que vivimos:






Y no mucho más… me parece que el próximo concierto ya va a ser en otro hemisferio...

jueves, 28 de mayo de 2009

miércoles, 20 de mayo de 2009

En el País de las Últimas Cosas y en el de las Primeras


Hay palabras que en inglés suenan mucho mejor que en español, como understatement, por ejemplo. Hoy pensé en ella mientras hacía la cama, cuando repasaba rápidamente estas últimas dos semanas y por un momento pensaba en describirlas como peculiares. El diccionario me ofreció traducir understatement como “quedarse corto”, pero para mí esa definición se queda corta, también.

Dicen que las mudanzas son agotadoras y ésta efectivamente lo fue, pero a mí siempre me encantaron nonetheless. Esta no fue excepción, aunque sí me dejó un poco paspado a la altura del penúltimo viaje desde Erandio hasta San Vicente de Barakaldo.

Ahora ya hace más de una semana de la primera noche en el nuevo hogar, y ya se puede decir que estamos instalados. Esa instalación se fue dando por pequeños grandes hitos desde la firma del contrato, la compra del colchón, la instalación de Internet, la colocación del escritorio… ahora ya estoy en fase ‘maruja’ total, lavando platos, colgando ropa, barriendo de vez en cuando y luchando con las comidas del día. De a poco se van instalando nuevas rutinas, como ir a comprar el pan por la mañana (nada de flautas; acá son barras y las hay normales opequeñas, y no son blancas o tostaditas, sino muy cocidas o de media cocción), o llevarme la compu a la cocina durante el almuerzo, porque aún no tenemos radio ni tele pero sí tengo wifi, con lo que Joel, el Sueco y Darwin me acompañan.

También, hoy nos fuimos a empadronar, con lo que oficialmente ya somos barakaldeses. Sinceramente, creo que erandiotarra sonaba mejor, y me va a costar pasar de un galardonado pueblito de 10.000 habitantes, donde además están los aitites y los amigos, a una ciudad de 100.000. De todas formas en estos días he dado algunos paseos, y esta mañana la ciudad se me antojó un poco parecida a Buenos Aires, aunque sin su señorío, todo hay que decirlo. Barakaldo fue desde siempre una ciudad industrial, obrera, pero hoy en día tiene unos cuantos parques y espacios verdes. Y uno de ellos frente a casa, nada menos, que desde el cuarto piso tenemos unas vistas que no son de desdeñar.

Así que mientras suenan las campanadas de la iglesia, yo los dejo con unas pocas fotos de la Plaza, y del apartamento, y con la promesa de más.