jueves, 31 de octubre de 2013

El poder del jueves

Debido a mi dinámica laboral, los jueves suelen ser un día de poco compromiso, de varias horas libres, de carta blanca.

Y en función de ello, mi humor suele estar pautado por el devenir de la jornada, por las actividades o inactividades, por las labores o lo laborioso que se presente el panorama.

Hoy me tocó peluquería, que como siempre es toda una aventura. Como mis pelos aparentemente "ya no daban para más", hube de ponerme en manos de la primera peluquera disponible, ya que Anita, mi "peluquera de confianza" (!!!) estaba comprometida con alguien más.

Así fue que terminé con la dueña del recinto, que nunca sé si es rusa o ucraniana, y que impone bastante respeto sobre todo cuando se arrima un poco más de lo deseable para dar un retoque aquí o allá. En esos momentos la situación se pone cómicamente tensa, casi tanto como cuando me están masajeando el cuero cabelludo y me tengo que concentrar para no soltar un suspiro atrás de otro... hay pocas cosas mejores que un buen masaje capilar!

Siempre hay riesgo de que en la peluquería las cosas salgan torcidas. Una nueva peluquera implica renovar la indecisión sobre si entregarse al small talk o imponer un férreo silencio (opté por lo segundo). También requiere admirar estoicamente cómo el pelo que cae es cada vez más y más gris (aunque esto, sorprendentemente, no me desagrada). En el caso de hoy, por suerte el día salió bien encaminado. La doña fue cómplice de mis silencios, y sólo emitía un "hmm-hmm!" muy gracioso de vez en cuando, y Anita estaba de charla con su clienta, Vincenza (Nancy para sus amigos en Londres), que hablaba con acento fuerte y me hizo acordar a nuestras vacaciones en Cerdeña.

Si soy sincero también me hizo acordar a Héctor Riva. Aunque a Lore le paspen mis impersonations, a mi Héctor Riva invariablemente me arranca una sonrisa:



Quien no se ponga de buen humor escuchando a Héctor Riva, o apreciando lo peculiar de tener a una rusa, una húngara, una italiana y un uruvasko en pleno East End, no tiene chance de sobrellevar un jueves gris en Londres. Pero no es mi caso y con las pilas recargadas encaré el resto del día.

Tras dedicarme con fruición al deporte cotidiano de lavar algunos platos, me acometí al segundo tramo de la jornada: ir al súper. Estamos ya con suficiente experiencia en las artes cotidianas como para saber a cuál de los supermercados del barrio hay que ir a comprar esto o aquello. Que si la leche aquí, que si el pan allá, que si hoy hay un 2x1 de esto o lo otro. Son cosas que te hacen apreciar la vida de barrio en medio del bullicio.

Luego de traer las básicas de los supermercados vecinos, resolví ir hasta el shopping a por los productos más selectos que no están tan a la mano (la buena carne para hacer al horno, o el "ablandador de agua" para el lavarropas... parece que el agua es dura en Londres, yo no lo entiendo, pero hay que aceptar y asumir, supongo)

Nunca es una buena señal cuando en una tarde gris y otoñal te encontrás con este cartel por la calle:


Ni que hiciera falta que nos recuerden lo que tenemos por delante. Pero por suerte hoy el día siguió siendo entretenido. La música me acompañó adecuadamente mientras yo veía a la gente pasar, siempre regalándome algo peculiar. Hoy fue un pibe con la cabeza teñida cual piel de leopardo. Ver para creer.

Por aquí siempre hay algo que te sorprende. Y cuando pensás que estás más allá de las sorpresas, que se termina la diversión, te subís a un ómnibus y te encontrás con dos flacos que están transportando un colchón de 2 plazas!

Así da gusto pasar una tarde gris.

jueves, 17 de octubre de 2013

Adiós verano

Se va, se termina, aunque en el aire se siente el otoño hace días. Se acaba lo último de este verano fugaz que pasó sigiloso y veloz entre bodas, viajes y dolores de espalda. Me imagino en unos pocos años recordando el verano del 2013 como el del casamiento B&B, la mejor producción del año aquí, allá o en cualquier parte, y el casamiento de los patatis, esos amigos que te transmiten alegría y felicidad en persona o a distancia en iguales cantidades. Uno abrió el verano y otro lo cerró, y entre medio Londres se vistió de tedio.

Qué bueno que dejamos viajes y festejos para el otoño, ¿no?

Retrocedo un momento. Acusar al verano londinense de tedioso no es solamente injusto, sino también holgazán (palabra tan deliciosa como apropiada en mi caso y contexto... si tan solo pudiera extraer mas eficiencia de tanta holgazanería estival!).

No me hace falta mas q pensar un momento para encontrar momentos memorables, en mayor o menor escala. Por supuesto está el pequeño "desvío" con mi vieja por la muy disfrutable Praga con sus techados de postal y sus cervezas de campeonato.


Y también las pequeñas cosas, como salir un jueves a la tarde al súper y ver que el sol del atardecer se refleja en los charcos.del reciente chaparrón, y volver a por la cámara y buscar esos reflejos otra vez cuando sabés que a los 5 minutos van a haber desaparecido, y conformarte (por así decir) con una telaraña que solo se adivina por las gotas.

Londres tiene algo para todos, en pequeña o gran medida. A veces solo se trata de tener la presencia de ánimo para dejarse ir de esa silla con tentáculos, soltarse de esas teclas que parece que atraen cual magnetos a las yemas de mis dedos...

Cómo trato de embellecer mis pobres excusas... hay que salir, y en eso estamos.

Mientras tanto, mis pequeñas victorias de fin de temporada estival: no haber usado la campera a pesar de este otoño precoz, cerrar otro año sin haber caído enfermo (y ya van 3), escribir sobre la holgazanería de vez en cuando...

jueves, 22 de agosto de 2013

London Fields

London Fields, el libro de Martin Amis, tiene que estar ligado a uno de mis primeros vínculos con Londres. Para cuando lo leí, a esa altura del partido ya era anglófilo hace rato, pero London Fields fue uno de los primeros libros que leí en inglés, cuando todavía estaba muy lejos de tener el nivel suficiente para entenderlo.
 
 Al día de hoy, mi teoría es que Martin Amis escribe rebuscadamente a propósito, como un elaborado ejercicio de ofuscamiento, un mecanismo que lo hace de muy difícil acceso a los pobres no-nativos como yo. Aunque también hay que decir que al único de sus libros que leí traducido tampoco le encontré mucho sentido.

Pero bueno, London Fields. Un poco por novedad, y seguramente también un poco como efecto de una limitada comprensión, este libro y en particular algunos de sus personajes se quedaron guardados en mi memoria. Con el paso de los años me plantee releerlo más de una vez, pero cada nuevo libro de Martin Amis me fue alejando más y más de su estilo, y así me fui haciendo a la idea que un buen recuerdo tal vez sea mejor que un mal reencuentro.

Por otra parte, llevo tres años acá y muy poco de lo que he visto me hizo acordar a este libro. 

Esta tarde en la biblioteca, en una de esas raras ocasiones en que estoy trabajando en el mostrador, vino una persona que manifestó trabajar en Three Mills Studio (productora de TV y cine en el barrio), a consultar si tendríamos libros y revistas viejas de las que nos fuéramos a deshacer, ya que estaban en la fase de preproducción para la filmación de London Fields, y necesitaban props que pudieran simular los diarios de Nicola Six.

Fue un extraño momento de comunión entre dos Londons muy diferentes. 

sábado, 3 de agosto de 2013

Donde está mi casa / a place to call home

En febrero del 2008, pocos días después de haber llegado al País Vasco, Lore y yo fuimos a casa de Mari, donde conocí a "la Peñis", el grupo de amigas de Lore de toda una vida en Erandio. Nos esperaban con un cartel de bienvenida en el que un avión atravesaba un corazón en su camino desde Uruguay a Bilbao (y probablemente un "ongi etorri" también).



5 años más tarde, y escasas horas después de haberle jurado fidelidad a JuanCar (ahora ya soy Uruvasco de ley), nos volvimos a juntar a la noche en casa de Mari (aunque ella ya no vive más allí; muchas cosas han cambiado), esta vez para una despedida.

De estas ya hubo varias, una cada vez que se termina la siempre corta visita a nuestra casa vasca.

Ya llevamos más tiempo en Londres que el que estuvimos en Bilbao, que a su vez fue el doble de lo que estuvimos juntos en Uruguay. Parece que las etapas se estabilizan o ralentizan, una tras otra.

Ahora vuelvo a Londres, una vez más. La última vez que volví tras unos días fuera tuve una sensación inédita. Sabido es que el olfato es el más potente disparador de recuerdos y nostalgias. Al entrar a casa, por primera vez en Inglaterra, mi olfato me recordó cuánto extrañaba el olor de mi casa, ese extraño y particular aroma a moqueta y encierro, a polvo, a nuestra ropa y nuestras cosas.

Después de 10 días fuera y 4 días en un país con idioma extraño, otra vez vuelvo al East End, a jugar de locatario por un tiempo más.


domingo, 28 de abril de 2013

Sunday ramblings XII: Enriquesco!

Este jueves tocó a su fin el primer periodo decididamente primaveral de este gentil mes de abril que se está portando tan bien, o que tal vez está siendo simplemente clemente luego de tanto castigo previo.

Nos dejó con no menos de siete días consecutivos de tardes templadas y frecuente sol, que supimos aprovechar paseando parques y caminando a la vera del río, andando en bicicleta o retomando el ejercicio.

Tiene un encanto especial el ir a jugar el primer partido de tenis en 6 meses, el salir de casa en pantalón corto, el salir de trabajar cuando aún es de día y la campera puede volver colgada al hombro.

La primavera te devuelve el alma al cuerpo, y te ayuda a ver la cantidad de cosas bellas que hay alrededor, con sólo estar un poco dispuesto a apreciarlas. 


Casi de un día para el otro hacer planes se vuelve más sencillo, y cumplirlos no es una hazaña. Ir a encontrarse con amigos no se hace cuesta arriba, y la agenda de repente está más apretada.

Y aún así, uno de los highlights de la semana poco tuvo que ver con el sol o la primavera, y mucho con la rutina o el sentido de pertenencia local. Si mis cálculos no me fallan, ésta fue la quinta vez que fui a cortarme el pelo a donde las rusas/lituanas, luego de que razones de fuerza mayor me forzaran a dejar atrás a mis amigos los chinos. Mi nueva peluquera de confianza, Anita, es húngara y tal vez por eso, un poco oblicuamente, me hace acordar a mis abuelos. Hoy, que la veía por tercera vez consecutiva, pude decir por primera vez en muchos años esas dos palabras mágicas y liberadoras que en una peluquería son música para mis oídos: como siempre.

En su breve desconcierto pude ver que lo entendió aunque no se lo esperaba. Aquí se toman muy en serio esto de preguntarte por tu estilo (ja ja!) y parece que el como siempre no se lleva demasiado. Así que el resultado no fue exactamente como ponerse otra vez en manos de Enrique, pero estuvo bastante cerca. Lo suficiente como para que yo me apropiara de otro pequeño pedacito de mi Londres.

A la salida del concierto de Jenny Said Yes esta tarde, nos fuimos a tomar una con amigos, incluida Jenny, por supuesto.

viernes, 26 de abril de 2013

Volver a "mi Londres"

Dedicado a Ander, como prueba de vida.

Bueno, no sé si esto es volver con la frente marchita, o ya vas a volver con el caballo cansado, o tal vez ninguno de ellos. Justo hace unos días le decía a Rolo que volver de las vacaciones cada vez se hace más difícil. Esta vez se me fue un poco la mano; desde la última vez tuvimos vacaciones en Grecia, yo me fui una semanita a recorrer Florencia y Roma con mi viejo, nos dimos el lujo de hacer una visita fugaz a Bilbo, acorté el invierno con 3 semanas en el Río de la Plata, más una semana extra en el País Vasco, y ahora acabamos de volver de unos días en Brujas y París. (algunas fotos aquí)

Así que la resaca está más que justificada, para mí que me justifico fácil con estas cosas. 

Estas últimas semanas estuve pensando mucho en Londres, en la gente a nuestro alrededor, y en las rutinas cotidianas. Durante los últimos cuatro meses estuve leyendo, a cuentagotas y de a ratos como es mi estilo, el libro Londoners, de Craig Tailor. Más de 80 entrevistas a distintas personas relativamente "normales" (si es que eso existe, especialmente en esta ciudad), cada uno con su visión particular de la ciudad y lo que para ellos representa. Tiene muchos capítulos interesantes como el de la voz del metro (que se puede escuchar aquí), pero los que más me dejaron pensando son aquellos de los que lo sufren, los que lo encuentran difícil, duro. Como el que dice: "If you're not willing to put in the effort in this city, don't come here. Effort is rewarded, no question. I don't find any problem with that. Social life, hang around in pubs drinking beer? Forget it. As my father says, it takes not the wits of a donkey to drink 5 pints of Guiness and fall down. Right?" No puedo evitar sentirme identificado con la noción de que Londres requiere esfuerzo, que ofrece recompensas de un gran potencial, pero que también requiere sacrificio. Y que el balance es muy difícil de conquistar.

Otro: "In London everything "feels" like it's on offer. If I can have anything, what is it I actually want? Possibility is the problem, when everything presents an opportunity. Living like that is horrible, I think, because how are you ever to be happy? You're not, you're just not. Because you're always going to be considering the other options. When are you actually happy and satisfied with what you've got? I guess you're not and maybe London just likes to rub it in." Hay días, no todos por suerte, en que estas frases me suenan a axioma, a verdad universal. ¿Cómo se sobrevive tanta oferta, tanta sobre-exposición? Discernir, descartar, decidir, disfrutar. Easier said than done.

U otro que se fue, y se explica: "I do think that you have to have a lot of energy if you want to go and live in London. I can't be bloody bothered any more. A couple of days is all I can go for now."

Es complicado. Lo difícil, parafraseando a nuestro amigo Fede, es asumir que una vez que te fuiste de un lugar hay un quiebre que no se puede remendar. Que ya no sos de allá, ni tampoco serás de acá. Pero especialmente que eso en sí no es algo malo, que esa sensación de estar fragmentado, incompleto, puede tener un costado de energía positiva, de nostalgia dulce. Que por supuesto, te mantiene en movimiento.

¿Y de eso se trata, no?


PD: esta entrada, que me quedó bastante más negativa de lo que hubiera querido, estuvo en el freezer por varias semanas pues la sabía muy parcial. Estaba esperando que apareciera su contraparte, la otra cara de la moneda, la otra faceta de "mi Londres" que sabía estaba a la vuelta de la esquina. La próxima entrada, que ya está en las gateras, presenta una de las manifestaciones de esa otra cara..