domingo, 29 de enero de 2012

Sunday ramblings - piloto

Es interesante el proceso por el que una canción queda asociada a un momento o un lugar. Esta semana iba en el metro a trabajar, por una vez escuchando música y no un podcast, y al salir a la superficie en Whitechapel High Street puse el tema Zizou, de Supervielle:


Era uno de estos muy infrecuentes días de cielo completamente celeste, y me soprendió lo bien que se amoldaba el ambiente a la banda sonora. Whitechapel es el centro del Londres musulmán; la calle principal está plagada de comercios y de puestos callejeros, como una feria vecinal o una vía blanca permanente. Frente a la salida del metro está el Royal London Hospital, viejo, grande, y gris. Nueve días de cada diez el panorama hace juego con el hospital y no es un lugar especialmente edificante. Pero este día la música y el sol invitaban a levantar la vista, ver los edificios de la City iluminados por el sol, unos pocos cientos de metros más allá, y ver el barrio con otros ojos.

Desde allí, atravesar el hospital de norte a sur, para llegar a la Iglesia/Biblioteca. Es mi cuarta semana de trabajo allí, y creo que fue el primer día en que no tuve que correr para llegar en hora. Finalmente me estoy empezando a adaptar, a encontrar mis ritmos, y gracias a que dos compañeros de trabajo están de licencia, por primera vez tengo trabajo suficiente como para mantenerme entretenido por casi todo el turno. La semana termina bien.

Para rematar, este fin de semana nos invitaron al cumpleaños del esposo de una compañera de trabajo. La fiesta era a priori una incógnita, pero nuestro afán de socializar un poco más con los parroquianos este año pudo más que el frío, y allá nos fuimos a la flamenco night, cumpliendo con el único requisito que se nos había pedido.


Nos encontramos un panorama bastante multicolor: un típico pub inglés, con un promedio de edad de alrededor de 50 años (típico también), una dosis inesperadamente alta de búlgaros, y un grupo de música flamenca liderado por el guitarrista Jorge Bravo, que para nuestra sorpresa era chileno.

Fue todo un poco extraño pero lo pasamos muy bien, pude presentarle a Lore a otros tres de mis compañeros de trabajo, y ver música en vivo en espacios reducidos siempre es una experiencia gratificante.


Hoy, finalmente, el Arsenal me regaló una alegría. Augura que la semana va a empezar bien, aunque seguro va a terminar aún mejor.

-- o --

1. El jueves, en la reunión pseudo-sindical por la restructura de la Biblioteca.
2. El viernes, cuando conocí a Cat (la jefa de Lore) en los festejos por la exitosa mudanza de oficina.
3. El sábado, en el cumple/flamenco night.
4. El domingo en el Bow Bells, viendo la increíble remontada del Arsenal contra el Aston Villa.


martes, 17 de enero de 2012

Fugaz

A veces, muy de vez en cuando, me sobrevienen cuasi-epifanías en que se me revelan las maravillas de estar viviendo en esta ciudad.

Como cuando veo esta foto:
http://www.willpearson.co.uk/virtual-tour/shard-360-dusk/

miércoles, 4 de enero de 2012

De vuelta

A veces me quedo mirando a la gente pasar como si fueran a darme la respuesta a una pregunta que todavía no fui capaz de formular. Otras veces es sólo curiosidad, de esa imposible de saciar.

Hoy voy de vuelta a Londres, y se siente como una segunda etapa que empieza; tal vez la última, aunque esto no indique mucho sobre su duración. Un nuevo laburo comienza pero, sobretodo, nuevas expectativas en cuanto al manejo y disfrute del tiempo libre. Es hora de que London empiece a darnos más de lo que vinimos a buscar.

Puesto así suena como si nos debiera algo, cuando en realidad es más que la adaptación tomó más tiempo y energía que la que habíamos previsto.

Creo que no habíamos anticipado que vivir en inglés supondría un esfuerzo tan grande. No es que no tengamos un nivel superior al de la mera suficiencia, pero la capacidad de relajarse y disfrutar de una charla informal con amigos son conceptos que todavía son casi contradictorios cuando una siemple mesa de café requiere concentración total.

Tal vez esté exagerando en mi recredo exacerbado por 3 semanas de verano en castellano mientras le huyo al frío y gris del hemisferio norte. Al fin y al cabo han habido muchos momentos memorables como cuando fuimos a ver el stand-up de Jim Campbell (foto cholula incluida) o 3 de los 5 partidos del Arsenal que fui a ver (de los otros 2 mejor no hablamos).

En todo caso, la vamos llevando. Como dicen por acá: Keep Calm and Carry On





viernes, 3 de septiembre de 2010

Bank holiday

Coincidiendo con la Aste Nagusia, este fin de semana tuvimos nuestro propio baño de multitudes con el Carnaval de Notting Hill, que entre domingo y lunes congregó a más de 1 millón de personas en este famoso y concheto barrio del oeste de Londres. Yo había estado, de rebote según recuerdo, en agosto del 2003, y este año, el domingo, acumulamos paciencia y nos dirigimos hacia allí (cualquier periplo que requiera desplazarse del East End al West End requiere mucha paciencia, y si el plan lo secundan algunos cientos de miles de personas, todavía un poco más). Pero bueno, allí estuvimos desde antes del mediodía, y el evento no defraudó en su oferta de excesos. El barrio estaba acordonado al tráfico, custodiado por la policía, y sobretodo absolutamente colapsado de gente. Todo de acuerdo al plan, y tras engullir un bocadillo nos dejamos fagocitar por la multitud.

La historia es más o menos así: hay un circuito pseudo circular que recorre el barrio, por donde se hace el desfile. Por ahí transcurre el “parade”, con gente disfrazada/ataviada, que sigue a un camión con música. Hasta allí un cierto paralelismo con un desfile de carnaval de Río (o Montevideo) pero infinitamente más pobre por lo que pude ver en 2003 y ahora. Sin embargo, el alma de la fiesta está por dentro del circuito del desfile. En estas calles cerradas se instalan puestos de venta de comida típica caribeña (parece que el “jerk chicken”, pollo picante, es un clásico, y nosotros cumplimos en probarlo), y también los “sound systems” que son como stands (o txosnas) donde un DJ pone música para toda la calle. Este año había 37 sound systems, uno de ellos transmitiendo en directo por la BBC, y es en ellos donde se acumulaba la gente.

Atravesarlos de un lado al otro de la calle era un desafío y una prueba titánica, y tras algunas horas de trajín volvimos para casa agotados.

El lunes, otros tantos cientos de miles repetirían la procesión, pero nosotros optamos por disfrutar el feriado viendo pelis en casa.

El finde había arrancado con nuestra visita al Borough Market, al sur del Thames. Este es un mercado tradicional donde encontrar alimentos frescos de casi todo el mundo. Luego de sufrir admirando embutidos españoles e italianos nos fuimos a mal comer a un restaurante cercano, donde al pedir café experimentamos un new low en nuestra épica lid por un café aceptable. Por ahora vamos perdiendo feo contra la coalición “plástico + jugo de paraguas”, y las excepciones han sido honrosas. Para mí, al menos, tuvo el consuelo de que estaban pasando por la tele el partido del Arsenal, una sufrida victoria de visitante.

Por la tarde las chicas se fueron a dar una vuelta por Brick Lane, calle cool donde conseguir toda clase de artículos vintage. Yo me les uní un rato más tarde en un minúsculo bar donde, acompañado de la ya infaltable cerveza, me jugué una ficha en una vieja Street Fighter, y con Ryu repartí mamporros y reventé a unos cuantos hasta que me dolieron las muñecas. ¡Fue un momento excitante!

Volviendo al domingo, esa noche jugamos a los anfitriones por primera vez en London, ya que Goiz vino a cenar ñoquis a casa. La tradición del 29 se reconvierte, y de “día de ñoquis” pasó a “nioki eguna”, y ahora tal vez lo rebauticemos “gnocchi day”. Está por verse, pero si no encontramos mejores materias primas la tradición peligra. La peripecia culinaria sigue siendo un sufrimiento…

martes, 24 de agosto de 2010

Replay sentimental y cabalístico

En mi primera visita a Londres en agosto del 2003, aproveché el fin de semana para visitar el estadio del Arsenal, Highbury, en el día en que se jugaba un partido contra el Aston Villa. Un rato antes del inicio del partido me fui hasta Highbury & Islington station, y desde allí caminé con otros fans hasta el estadio. Me compré el matchday programme, una bufanda, y me volví a la hora del kick off, ya que las entradas estaban agotadas.

El Arsenal ganó 2-0 en lo que fue el 3er partido de la temporada de los "Invencibles", campeones invictos.

El sábado pasado se jugaba la segunda fecha de la Premier League, y era el primer partido de locatario de la temporada. Otra vez las entradas estaban agotadas, pero aún así repetí la procesión hasta el nuevo estadio (Highbury fue reconvertido en un complejo de apartamentos, y a unas 3 o 4 cuadras se construyó el Emirates Stadium, que aloja 61.000 personas frente a las 38.000 que entraban antes).


Esta vez ganamos 6-0, y por ahora seguimos invictos. No creo que se mantenga por toda la temporada, pero supongo que a un hincha no se le puede pedir que reniegue de sus cábalas, ¿no?


El Emirates no tiene el encanto que tenía el pequeño Highbury (al que los hinchas ingleses aluden en femenino), pero aún así impresiona muy positivamente. En unas semanas lo veré por dentro.

domingo, 15 de agosto de 2010

Más aniversarios, y vueltas de tortilla

El martes pasado cumplimos un mes en Londres. Venía pensando hace un rato qué diferente es la historia cuando uno viaja de turisteo, a cuando hay que ocuparse del día a día, y de los trámites para hoy y para mañana también.

Este mes fue relativamente duro en cuanto a los trámites y el papeleo. Nada del otro mundo, por supuesto, y quejarse sería un poco desubicado porque no hay que perder de vista la perspectiva, pero el tema cansa igual. Especialmente cuando te lo ponen difícil, que parece ser la mayoría de las veces.

Como el banco, por ejemplo. Cuando fui por primera vez me atendieron tan bien que salí casi emocionado. Pensé que había sido la mejor experiencia de “customer service” que había tenido en mucho tiempo, tal vez la mejor ever. Hoy, luego de haber ido unas 6 o 7 veces en tres semanas porque de todo lo que me dijeron y prometieron se cumplió a duras penas la mitad, luego de soportar que por su culpa se me atrasaran otros trámites por varios valiosos días, estoy pensando en que fue todo un engaño, y en que me voy a cambiar de banco a la primera oportunidad. ¿Me consuela que los empleados del banco al verme entrar me digan “Hello Diego”? ¡Por cierto que no!

Tengo anécdotas similares con el servicio de salud pública, y aún peores con la empresa del ADSL. Como se suele decir, ahora vemos la luz al final del túnel, pero este túnel de burocracia estaba tan embotellado como las avenidas londinenses un día de semana a las 6 de la tarde. Se requiere mucha paciencia.

La transición no es sencilla, y perseguir los sueños conlleva sacrificios que no es fácil asumir. Como dice la Trotsky, el alma en dos. Tal vez por eso el martes no estábamos del todo “upbeat” al festejar este mini aniversario. Sin embargo, ¿qué mejor que abrir uno de los paquetes de chorizo ibérico que nos trajimos para las ocasiones especiales, y regalarnos una buena cena, en mi caso acompañada con un vasito del tintorro que aún me queda? Nada mejor para cambiar la pisada.

Y, como si a la vuelta del mes le siguiera la vuelta de la tortilla, al día siguiente cambió el sentido de la peripecia burocrática y el banco finalmente nos acreditó una plata que estábamos esperando, nos activaron la conexión al ADSL, y en la tienda telefónica me devolvieron lo que me habían cobrado de más sin ponerme (más) trabas. Un día completo que festejamos yendo al Lock Tavern, un bar con toda la onda donde escuchar buena música, ver gente muy pintoresca (por llamarla de alguna manera) y por supuesto, tomarse una pinta haciendo planes para el fin de semana, imaginando qué cosas nuevas vamos a ver.

Está bien bajarle la pelota a los trámites, y dedicarse a disfrutar.

Y en eso estamos.

sábado, 7 de agosto de 2010

Ingleses amargos

El proceso de habituación a las bebidas del lugar sigue, con grandes avances en estos dos últimos días.

El tema con el café ya se estaba volviendo un tanto insoportable. Me había acostumbrado (y me quedaba muy cómodo) a elegir entre un cortado y un café con leche, y a lo sumo tener que pedir un descafeinado, o que fuera de sobre (instantáneo) en vez del usual de la máquina de café. Pero resulta que por aquí la cultura Starbucks está totalmente instalada, y parecía casi imposible conseguir que te sirvieran un café en un vaso que no fuera a) de plástico, y b) de 250ml, como mínimo. Y está todo bien con querer tomar muuucho café de vez en cuando, pero como regla general, no está bueno.

Hay que sumarle que ahora lo de “cortado” y “con leche” ya no corre, y hay que discernir entre “americano”, “espresso”, “latte”, “mocha” y por supuesto, “capuccino”, a ver cuál se parece un poco más a lo que uno tenía ganas de tomar. Por suerte descubrí que el americano (café sólo) también se vende como “americano white”, o sea, el viejo y querido café con leche. Mejor que el latte, que no tiene gusto a nada, y que el capuccino, que es pura espuma y no se lleva nada bien con el plástico. En realidad, ninguno de ellos se lleva bien con el plástico, pero hay casos en que se nota aún más.

No encuentro razón más factible para tanto plástico que el hecho de que aquí la gente está siempre corriendo de un lado a otro, y comiendo y bebiendo mientras se desplazan. La cantidad de gente que come en los buses y en el metro es impresionante (y desagradable).

Pero bueno, el tema es que ayer tuve un breakthrough cuando fui a un café libanés y vi que vendían “café machiato”. Una opción más para aprender, pensé al principio, pero como sonaba bien lo pedí, y cuál no fue mi sorpresa cuando me lo sirvieron en un pequeño vasito de vidrio! Fue un momento sublime, por fin una luz de esperanza entre tanto café XXL!

A todo esto se preguntarán por qué el título de “ingleses amargos”… y es que entre tanto café tamaño familiar, por el contrario los sobres de azúcar son tamaño mini. Nada de 7,25 gramos, mucho menos 10. Éstos ni siquiera dicen cuánto contienen, pero no creo que pasen de 5, y con mucha suerte. Así que me estoy acostumbrando a echar alrededor de 5 sobrecitos de azúcar, para que el ‘mega vaso’ se acerque un poco al sabor pretendido. Si es que, como decía Felipe, esto es una lucha!