London Fields, el libro de Martin Amis, tiene que estar ligado a uno de mis primeros vínculos con Londres. Para cuando lo leí, a esa altura del partido ya era anglófilo hace rato, pero London Fields fue uno de los primeros libros que leí en inglés, cuando todavía estaba muy lejos de tener el nivel suficiente para entenderlo.
Al día de hoy, mi teoría es que Martin Amis escribe rebuscadamente a propósito, como un elaborado ejercicio de ofuscamiento, un mecanismo que lo hace de muy difícil acceso a los pobres no-nativos como yo. Aunque también hay que decir que al único de sus libros que leí traducido tampoco le encontré mucho sentido.
Pero bueno, London Fields. Un poco por novedad, y seguramente también un poco como efecto de una limitada comprensión, este libro y en particular algunos de sus personajes se quedaron guardados en mi memoria. Con el paso de los años me plantee releerlo más de una vez, pero cada nuevo libro de Martin Amis me fue alejando más y más de su estilo, y así me fui haciendo a la idea que un buen recuerdo tal vez sea mejor que un mal reencuentro.
Por otra parte, llevo tres años acá y muy poco de lo que he visto me hizo acordar a este libro.
Esta tarde en la biblioteca, en una de esas raras ocasiones en que estoy trabajando en el mostrador, vino una persona que manifestó trabajar en Three Mills Studio (productora de TV y cine en el barrio), a consultar si tendríamos libros y revistas viejas de las que nos fuéramos a deshacer, ya que estaban en la fase de preproducción para la filmación de London Fields, y necesitaban props que pudieran simular los diarios de Nicola Six.
Fue un extraño momento de comunión entre dos Londons muy diferentes.
jueves, 22 de agosto de 2013
sábado, 3 de agosto de 2013
Donde está mi casa / a place to call home
En febrero del 2008, pocos días después de haber llegado al País Vasco, Lore y yo fuimos a casa de Mari, donde conocí a "la Peñis", el grupo de amigas de Lore de toda una vida en Erandio. Nos esperaban con un cartel de bienvenida en el que un avión atravesaba un corazón en su camino desde Uruguay a Bilbao (y probablemente un "ongi etorri" también).
5 años más tarde, y escasas horas después de haberle jurado fidelidad a JuanCar (ahora ya soy Uruvasco de ley), nos volvimos a juntar a la noche en casa de Mari (aunque ella ya no vive más allí; muchas cosas han cambiado), esta vez para una despedida.
De estas ya hubo varias, una cada vez que se termina la siempre corta visita a nuestra casa vasca.
Ya llevamos más tiempo en Londres que el que estuvimos en Bilbao, que a su vez fue el doble de lo que estuvimos juntos en Uruguay. Parece que las etapas se estabilizan o ralentizan, una tras otra.
Ahora vuelvo a Londres, una vez más. La última vez que volví tras unos días fuera tuve una sensación inédita. Sabido es que el olfato es el más potente disparador de recuerdos y nostalgias. Al entrar a casa, por primera vez en Inglaterra, mi olfato me recordó cuánto extrañaba el olor de mi casa, ese extraño y particular aroma a moqueta y encierro, a polvo, a nuestra ropa y nuestras cosas.
Después de 10 días fuera y 4 días en un país con idioma extraño, otra vez vuelvo al East End, a jugar de locatario por un tiempo más.
5 años más tarde, y escasas horas después de haberle jurado fidelidad a JuanCar (ahora ya soy Uruvasco de ley), nos volvimos a juntar a la noche en casa de Mari (aunque ella ya no vive más allí; muchas cosas han cambiado), esta vez para una despedida.
De estas ya hubo varias, una cada vez que se termina la siempre corta visita a nuestra casa vasca.
Ya llevamos más tiempo en Londres que el que estuvimos en Bilbao, que a su vez fue el doble de lo que estuvimos juntos en Uruguay. Parece que las etapas se estabilizan o ralentizan, una tras otra.
Ahora vuelvo a Londres, una vez más. La última vez que volví tras unos días fuera tuve una sensación inédita. Sabido es que el olfato es el más potente disparador de recuerdos y nostalgias. Al entrar a casa, por primera vez en Inglaterra, mi olfato me recordó cuánto extrañaba el olor de mi casa, ese extraño y particular aroma a moqueta y encierro, a polvo, a nuestra ropa y nuestras cosas.
Después de 10 días fuera y 4 días en un país con idioma extraño, otra vez vuelvo al East End, a jugar de locatario por un tiempo más.
domingo, 28 de abril de 2013
Sunday ramblings XII: Enriquesco!
Este jueves tocó a su fin el primer periodo decididamente primaveral de este gentil mes de abril que se está portando tan bien, o que tal vez está siendo simplemente clemente luego de tanto castigo previo.
Nos dejó con no menos de siete días consecutivos de tardes templadas y frecuente sol, que supimos aprovechar paseando parques y caminando a la vera del río, andando en bicicleta o retomando el ejercicio.
Tiene un encanto especial el ir a jugar el primer partido de tenis en 6 meses, el salir de casa en pantalón corto, el salir de trabajar cuando aún es de día y la campera puede volver colgada al hombro.
La primavera te devuelve el alma al cuerpo, y te ayuda a ver la cantidad de cosas bellas que hay alrededor, con sólo estar un poco dispuesto a apreciarlas.
Y aún así, uno de los highlights de la semana poco tuvo que ver con el sol o la primavera, y mucho con la rutina o el sentido de pertenencia local. Si mis cálculos no me fallan, ésta fue la quinta vez que fui a cortarme el pelo a donde las rusas/lituanas, luego de que razones de fuerza mayor me forzaran a dejar atrás a mis amigos los chinos. Mi nueva peluquera de confianza, Anita, es húngara y tal vez por eso, un poco oblicuamente, me hace acordar a mis abuelos. Hoy, que la veía por tercera vez consecutiva, pude decir por primera vez en muchos años esas dos palabras mágicas y liberadoras que en una peluquería son música para mis oídos: como siempre.
En su breve desconcierto pude ver que lo entendió aunque no se lo esperaba. Aquí se toman muy en serio esto de preguntarte por tu estilo (ja ja!) y parece que el como siempre no se lleva demasiado. Así que el resultado no fue exactamente como ponerse otra vez en manos de Enrique, pero estuvo bastante cerca. Lo suficiente como para que yo me apropiara de otro pequeño pedacito de mi Londres.
A la salida del concierto de Jenny Said Yes esta tarde, nos fuimos a tomar una con amigos, incluida Jenny, por supuesto.
viernes, 26 de abril de 2013
Volver a "mi Londres"
Dedicado a Ander, como prueba de vida.
Bueno, no sé si esto es volver con la frente marchita, o ya vas a volver con el caballo cansado, o tal vez ninguno de ellos. Justo hace unos días le decía a Rolo que volver de las vacaciones cada vez se hace más difícil. Esta vez se me fue un poco la mano; desde la última vez tuvimos vacaciones en Grecia, yo me fui una semanita a recorrer Florencia y Roma con mi viejo, nos dimos el lujo de hacer una visita fugaz a Bilbo, acorté el invierno con 3 semanas en el Río de la Plata, más una semana extra en el País Vasco, y ahora acabamos de volver de unos días en Brujas y París. (algunas fotos aquí)
Así que la resaca está más que justificada, para mí que me justifico fácil con estas cosas.
Estas últimas semanas estuve pensando mucho en Londres, en la gente a nuestro alrededor, y en las rutinas cotidianas. Durante los últimos cuatro meses estuve leyendo, a cuentagotas y de a ratos como es mi estilo, el libro Londoners, de Craig Tailor. Más de 80 entrevistas a distintas personas relativamente "normales" (si es que eso existe, especialmente en esta ciudad), cada uno con su visión particular de la ciudad y lo que para ellos representa. Tiene muchos capítulos interesantes como el de la voz del metro (que se puede escuchar aquí), pero los que más me dejaron pensando son aquellos de los que lo sufren, los que lo encuentran difícil, duro. Como el que dice: "If you're not willing to put in the effort in this city, don't come here. Effort is rewarded, no question. I don't find any problem with that. Social life, hang around in pubs drinking beer? Forget it. As my father says, it takes not the wits of a donkey to drink 5 pints of Guiness and fall down. Right?" No puedo evitar sentirme identificado con la noción de que Londres requiere esfuerzo, que ofrece recompensas de un gran potencial, pero que también requiere sacrificio. Y que el balance es muy difícil de conquistar.
Otro: "In London everything "feels" like it's on offer. If I can have anything, what is it I actually want? Possibility is the problem, when everything presents an opportunity. Living like that is horrible, I think, because how are you ever to be happy? You're not, you're just not. Because you're always going to be considering the other options. When are you actually happy and satisfied with what you've got? I guess you're not and maybe London just likes to rub it in." Hay días, no todos por suerte, en que estas frases me suenan a axioma, a verdad universal. ¿Cómo se sobrevive tanta oferta, tanta sobre-exposición? Discernir, descartar, decidir, disfrutar. Easier said than done.
U otro que se fue, y se explica: "I do think that you have to have a lot of energy if you want to go and live in London. I can't be bloody bothered any more. A couple of days is all I can go for now."
Es complicado. Lo difícil, parafraseando a nuestro amigo Fede, es asumir que una vez que te fuiste de un lugar hay un quiebre que no se puede remendar. Que ya no sos de allá, ni tampoco serás de acá. Pero especialmente que eso en sí no es algo malo, que esa sensación de estar fragmentado, incompleto, puede tener un costado de energía positiva, de nostalgia dulce. Que por supuesto, te mantiene en movimiento.
¿Y de eso se trata, no?
PD: esta entrada, que me quedó bastante más negativa de lo que hubiera querido, estuvo en el freezer por varias semanas pues la sabía muy parcial. Estaba esperando que apareciera su contraparte, la otra cara de la moneda, la otra faceta de "mi Londres" que sabía estaba a la vuelta de la esquina. La próxima entrada, que ya está en las gateras, presenta una de las manifestaciones de esa otra cara..
PD: esta entrada, que me quedó bastante más negativa de lo que hubiera querido, estuvo en el freezer por varias semanas pues la sabía muy parcial. Estaba esperando que apareciera su contraparte, la otra cara de la moneda, la otra faceta de "mi Londres" que sabía estaba a la vuelta de la esquina. La próxima entrada, que ya está en las gateras, presenta una de las manifestaciones de esa otra cara..
domingo, 9 de septiembre de 2012
Reconciliación olímpica, take 3
A veces me gustaría pensar que mi "blogueo" es como el contrato de algunos de mis compañeros de laburo: term-time only. Así se justificarían mejor estas 10 semanas de "vacaciones". Claro que si ese fuera el caso a partir de ahora no tendría "licencias" hasta el próximo mayo... not gonna happen. Lo que además no podría justificar son los dos intentos fallidos de entrada que se quedaron en meras introducciones. Pero bueno, en honor a "lo que pudo haber sido", aquí van:
- o - o -
Julio 2012.
It's like ra-i-ain- on your wedding day, it's a free ride...
El miércoles fue un día para viajar al pasado, para revivir otros tiempos. Teníamos planes para la tarde, así que me pedí el día en la biblioteca. Aún así, al mediodía fui a la Universidad ya que había arreglado para almorzar con algunos compañeros.
Pero como no tenía laburo, cambié camisa por t-shirt, botas por championes, y dejé los lentes en casa. Look "pendex" según diría Carlín Calvo. Y tan es así que al llegar a la biblioteca uno de mis compañeros me dijo que parecía "de 18". Se ve que la crema antiarrugas está funcionando...
Pero bueno, si yo tuviera 18 estaríamos en 1996, lo cual es apropiado porque en esos tiempos estaba de moda Alanis Morisette, y a la tarde teníamos entradas para verla en concierto.
Hicimos un rato de cola hasta que abrieron las puertas del Brixton Academy, pero en un periquete estábamos dentro, expectantes, mientras la sala se llenaba poco a poco. Con el escenario a oscuras continuamos con el viaje al pasado, ya que de música ambiente sonaban Bjork, Beck, Air, y Sigur Ros.
- o - o -
Agosto 2012.
Empieza la liga, empieza el sufrimiento.
And so it goes on...
Otra vez en la vía. Literalmente, en la vía de un tren que se aleja de Londres en dirección sureste, es un buen momento y lugar para recapitular sobre lo que va del verano. Hoy es un día bastante excepcional porque hasta ahora este verano, de verano tuvo muy poco.
A principios de julio nos visitó Liliana y recién al décimo día la lluvia le dio una tregua y el sol se dejó ver por un rato. Claro que para entonces Liliana ya estaba en el aeropuerto. Le tocó vivir un Londres muy auténtico, muy fiel a lo que han sido estos últimos meses.
- o - o -
El viaje al pasado con Alanis valió mucho la pena. En su momento pensé en explayarme sobre su comportamiento sobre el escenario, y cómo parecía por momentos que tenía una especie de trastorno obsesivo-compulsivo. Pero ahora, con un par de meses de perspectiva parece un detalle básicamente menor e irrelevante. Por suerte en el recuerdo quedan con mucha más fuerza las buenas sensaciones del concierto.
En cuanto al verano... ése sí que ya casi parece una cosa del pasado, y este fin de semana soleado y caluroso tiene un cierto feeling de "esto es lo último que tengo para ofrecer por este año", pero al menos estoy tratando de sacarle el jugo. Esta mañana me fui a jugar al tenis con un compañero de laburo, y a la tarde me vine al río a ver qué tenía para ofrecer el Thames Festival.
Ahora estoy en la cafetería del sexto piso de la Tate Modern, con buenas vistas al río y a St. Paul's, y una copita de Cabernet por compañía.
Por supuesto preferiría la compañía de Lore, pero ella estará ahora mismo a la vera de otro río, degustando otros vinos, e falando Portugués.
Por suerte nos queda más verano por delante, aunque no será en esta isla sino en otra mucho más al sur. Y por suerte también el verano que pasó nos deja muy buenos recuerdos, felices rencuentros con amigos, visitas a nuevos destinos, muchos kilómetros de carretera y más sol.
Con un guiño al term-time only, y en honor al "lo bueno, si breve, dos veces bueno", lo dejo por acá. Con suerte y viento a favor, la próxima entrada no será en otoño.
lunes, 25 de junio de 2012
Sunday ramblings XI: Bloody Bank Station
Hoy en día es tan raro que me tome el metro para ir a Central London... cada vez que lo hago veo en las caras de la gente los trazos de historias imaginadas que me atraviesan y se van, cada uno con su secreto inexpugnable.
Es algo que por lo general disfruto inmensamente. Sin embargo, si el periplo requiere cambiar en Bank la situación cambia radicalmente.
Cada estación tiene su personalidad, se podría decir; sus cualidades definitorias y singulares. Angel tiene la escalera mecánica más larga, Bethnal Green su pasado trágico, Whitechapel su cercanía al subcontinente Indio, and so on.
Si detesto Bank no es por su connotación como centro del centro de la cuna del capitalismo, sino por su sistema de ventilación y por su olor. Otra particularidad de las estaciones de metro es que algunas tienen su propio olor, y el de Bank es el peor de todos. Y el cambio de línea, de la Central a la Northern, o viceversa, toma unos fétidos 10 minutos.
Así que hoy otra vez, durante 10 largos minutos, subo el volumen, aprieto el paso, y veo pasar historias por escribir.
Weekly pints count: 0
Después de la semana pasada, y ante la semana que se avecina, éste iba a ser sin dudas un periodo de descanso etílico.
Weekly pints count: 0
Después de la semana pasada, y ante la semana que se avecina, éste iba a ser sin dudas un periodo de descanso etílico.
domingo, 17 de junio de 2012
Sunday ramblings X: El primer Oriental en las Highlands
Necesitábamos vacaciones.
La Reina estaba festejando cumpleaños, y como buena doña generosa que es nos regaló a nosotros, simples plebeyos, un feriado extra.
Nosotros aprovechamos la ocasión para mandarnos mudar a Edimburgo, ciudad que Lore conocía de pasada y que me quería mostrar hace tiempo. Y ya que estábamos por allí, aprovechamos para hacer un tour por las Highlands escocesas.
Las Highlands ocupan el 75% del territorio escocés, pero allí sólo vive un 20% de la población. Los paisajes de montañas, lagos y castillos son tan impresionantes que no creo poder hacerles justicia con palabras.
Durante el tour de 3 días Carole, nuestra guía, fue mezclando clases de historia con humor escocés y muchos dardos hacia los ingleses. Los quieren tanto como nosotros a los argentinos, o los vascos a los españoles.
Entretanto, aprendíamos el significado de varias palabras frecuentes en el gaélico escocés, como Loch, Glen Ben, Failte, o Aye (lago, valle, montaña, bienvenido, sí). Y también datos curiosos y sorprendentes, como que el Irn-Bru, un refresco que es "la segunda bebida nacional", tiene más ventas en Escocia que la coca-cola. Aparentemente sólo en Escocia y en Perú la coke no es namberguán en ventas. Yo me auto-excluí de probar whisky cuando pasamos por una destilería, pero no me iba a quedar sin catar Irn-Bru... a todo aquél que haya probado alguna vez un chicle Doble Globo de frutilla el sabor le resultaría familiar.
Nuestra base en las Highlands fue Fort Augustus, un pueblo minúsculo a orillas de Loch Ness. Allí, la primera tarde, fuimos al Clansman Centre donde Ken, un true Highlander al decir de Carole, nos hizo una demostración de cómo era la vida en las Highlands hasta mediados del Siglo XVIII, incluyendo cómo plegar y vestir la kilt, qué tipo de armas se usaban en batalla, y la dinámica de la vida cotidiana en las típicas moradas escocesas de la época.
Nuestra base en las Highlands fue Fort Augustus, un pueblo minúsculo a orillas de Loch Ness. Allí, la primera tarde, fuimos al Clansman Centre donde Ken, un true Highlander al decir de Carole, nos hizo una demostración de cómo era la vida en las Highlands hasta mediados del Siglo XVIII, incluyendo cómo plegar y vestir la kilt, qué tipo de armas se usaban en batalla, y la dinámica de la vida cotidiana en las típicas moradas escocesas de la época.
Fue una experiencia de lo más interesante y al finalizar me demoré un poco para felicitar a Ken. Nos pusimos a conversar y, lógicamente, me preguntó de dónde venía. Resultó que yo era el primer uruguayo que había visto por allí (no era el primero en decírmelo ese día; aparentemente también fui el primer uruguayo al que Carole guiaba en el tour), pero Ken, a pesar de su aspecto highlander con kilt y espada resultó que había vivido durante años en Valencia, trabajando para la Jaguar, y había visitado Bilbao en varias ocasiones, en tiempos en que la amenaza de ETA era mucho mayor.
Por desgracia, mientras me contaba todo esto y charlábamos sobre lo bien que se come en el País Vasco, Ken no tuvo mejor idea que cambiarse de ropa... se quitó la kilt y se puso unos vaqueros de lo más normales. Dejó el escudo y la espada y se puso una camisa (que ni siquiera era a cuadros!). En un momento, Ken the Highlander se convirtió en Ken el de la Jaguar, lo que le quitó un poco de impacto a la historia precedente, pero fue de todas formas una situación curiosa de principio a fin.
Fort Augustus... un pueblito casi de ensueño en el que si uno tuviera que vivir, seguramente se volvería loco. Estábamos aún a 20 días del solsticio de verano, pero a las "11 de la noche" todavía era de día. Y lógicamente, en invierno la situación es inversamente dramática. Sumado al frío del lugar, un combo que no es para cualquiera. Pero ante los 5 locks del Caledonian Canal que unen Loch Ness con Loch Oich, con las montañas de fondo, uno se podía distender en un momento de contemplación satisfecha, o satisfacción contemplativa.
El segundo día partimos en dirección oeste hacia la Isla de Skye y en cierto modo, otra vez, fue como haber cambiado de país. Luego de una parada intermedia en un pequeño pueblo que iba a ser nuestro último contacto con "la civilización" (un supermercado donde comprar algo para el almuerzo, y baños públicos) por un buen rato, nos metimos en una carretera vecinal (por ser generoso) hacia el extremo sur de la Isla, para ir a un pueblo llamado Elgol.
Elgol me hizo acordar un poco al Cantábrico, por la proximidad de las montañas al mar, pero también a ciertas zonas de la costa de Rocha por los paisajes despojados y el olor a mar. Claro que ver ovejas caminando entre las rocas al lado del mar, con las montañas de fondo... eso es algo que no había visto nunca hasta ahora...
El segundo día partimos en dirección oeste hacia la Isla de Skye y en cierto modo, otra vez, fue como haber cambiado de país. Luego de una parada intermedia en un pequeño pueblo que iba a ser nuestro último contacto con "la civilización" (un supermercado donde comprar algo para el almuerzo, y baños públicos) por un buen rato, nos metimos en una carretera vecinal (por ser generoso) hacia el extremo sur de la Isla, para ir a un pueblo llamado Elgol.
Elgol me hizo acordar un poco al Cantábrico, por la proximidad de las montañas al mar, pero también a ciertas zonas de la costa de Rocha por los paisajes despojados y el olor a mar. Claro que ver ovejas caminando entre las rocas al lado del mar, con las montañas de fondo... eso es algo que no había visto nunca hasta ahora...
Más fotos del viaje, aquí.
Weekly pints count: 4.5 + 1 riojita
El final de esta semana estuvo un poco más sociable que de costumbre, con reuniones con los compañeros de laburo de Lore el jueves, con los míos el viernes, y con mis ex-compañeros el sábado. Se siente como un diciembre cualquiera en Montevideo! Claro que de sol y/o verano mejor no hablamos...
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