viernes, 24 de julio de 2009

Atemporal

Por alguna extraña razón, o varias, mis últimos intentos de abonar el blog han fracasado rotundamente.

Y el tiempo, a veces, parece que se nos viene encima, no? Como si el tiempo no respetara nuestro tiempo...

En fin, que entre tanta ola de frío por allá y ola de calor por acá, de invierno cruel y verano sin descanso (qué cosa cruel), se me ocurrió unir invierno y verano, aquí y allá, con un poco de ambos.

Este video (que sé que se escucha bastante mal y no se ve mucho mejor), fue grabado durante la visita guiada a la Alhambra que hicimos en febrero, en el invierno andaluz que se sentía tan o más cálido que casi todos los días de verano de acá.

La guía es Inma, que nos cuenta sobre las fronteras de Granada y sobre el Albaicín, un barrio de casas blancas desde el que hay preciosas vistas de la Alhambra con la Sierra Nevada de fondo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Banderas en tu corazón

No Te Va Gustar pasó fugazmente por Bilbao, y la euforia fue también fugaz, aunque no por eso menos intensa.

Había estado esperando una buena ocasión para sacar a pasear la bandera, y ésta parecía la mejor oportunidad posible. Munidos de nuestras entradas, y de mucha expectativa, nos fuimos de excursión a la noche uruguaya en la Villa.

Llegamos 5 minutos antes de la hora estipulada, y contábamos con un buen “retraso uruguayo” antes que empezara el recital, pero no tuvimos que esperar ni 10 minutos para que todo se pusiera en movimiento.

Al local, no muy grande, le sobraba espacio por todos lados salvo en la más absoluta proximidad al escenario, donde tan pronto aparecieron Emiliano y Cía., unos 20 o 30 uruguayos y tal vez algún que otro vasco (pero sólo tal vez) nos apretamos para vivir un recital con la cercanía que en Montevideo sería imposible experimentar.

Los que me acompañaron a ver a los Buitres en La Cascada, en Migues, sabrán de lo que hablo, y de cómo las sensaciones son completamente diferentes. Así como el Pepe Rambao le dedicó una canción al Caracú, por un simple pedido nuestro podríamos haber logrado nosotros otro tanto, de habérnoslo propuesto. Vimos cómo un par de minitas se lo conversaban al del trombón, durante un tema, y después no lo dejaban irse, al final del recital. Vimos cómo Emiliano se bajó del escenario a hacer pogo con la gente durante “Fuera de Control”. Casi sobre el final, vimos cómo volvió a bajar y se fue para un costado, al lado nuestro, y le dio la púa de su guitarra a una señora, cuarentona o cincuentona, que había estado apreciando el recital desde un costado, pero siempre en primera fila. Yo, que estaba al lado y lo vi todo, no pude evitar acercarme a ella, pues su cara era un poema. Resultó que no tenía ni p*ta idea de lo que le habían dado, y le expliqué para qué servía. No me pareció que se sintiera especialmente halagada, pero quién sabe…

Estuvimos por casi dos horas rodeados de camisetas de Peñarol, Nacional, Uruguay y hasta de Aguada. También de unas cuantas banderas. Se escucharon unos cuantos “dale che!” y “Vamo’arriba!”, y por supuesto, el “Soy Celeste”. Dejando de lado la música, una de mis mayores satisfacciones fue prestarles la bandera a varios compatriotas que se querían hacer fotos con ella. Aún así, y al igual que con el recital de La Vela Puerca, no tuve en ningún momento el impulso de hablar con nadie, salvo tal vez con la veterana, que probablemente no era uruguaya. Qué se yo…

Tengo un par de videos, que se ven un poco mal y se escuchan peor, pero pueden llegar a dar una mejor idea del ambiente que vivimos:






Y no mucho más… me parece que el próximo concierto ya va a ser en otro hemisferio...

jueves, 28 de mayo de 2009

miércoles, 20 de mayo de 2009

En el País de las Últimas Cosas y en el de las Primeras


Hay palabras que en inglés suenan mucho mejor que en español, como understatement, por ejemplo. Hoy pensé en ella mientras hacía la cama, cuando repasaba rápidamente estas últimas dos semanas y por un momento pensaba en describirlas como peculiares. El diccionario me ofreció traducir understatement como “quedarse corto”, pero para mí esa definición se queda corta, también.

Dicen que las mudanzas son agotadoras y ésta efectivamente lo fue, pero a mí siempre me encantaron nonetheless. Esta no fue excepción, aunque sí me dejó un poco paspado a la altura del penúltimo viaje desde Erandio hasta San Vicente de Barakaldo.

Ahora ya hace más de una semana de la primera noche en el nuevo hogar, y ya se puede decir que estamos instalados. Esa instalación se fue dando por pequeños grandes hitos desde la firma del contrato, la compra del colchón, la instalación de Internet, la colocación del escritorio… ahora ya estoy en fase ‘maruja’ total, lavando platos, colgando ropa, barriendo de vez en cuando y luchando con las comidas del día. De a poco se van instalando nuevas rutinas, como ir a comprar el pan por la mañana (nada de flautas; acá son barras y las hay normales opequeñas, y no son blancas o tostaditas, sino muy cocidas o de media cocción), o llevarme la compu a la cocina durante el almuerzo, porque aún no tenemos radio ni tele pero sí tengo wifi, con lo que Joel, el Sueco y Darwin me acompañan.

También, hoy nos fuimos a empadronar, con lo que oficialmente ya somos barakaldeses. Sinceramente, creo que erandiotarra sonaba mejor, y me va a costar pasar de un galardonado pueblito de 10.000 habitantes, donde además están los aitites y los amigos, a una ciudad de 100.000. De todas formas en estos días he dado algunos paseos, y esta mañana la ciudad se me antojó un poco parecida a Buenos Aires, aunque sin su señorío, todo hay que decirlo. Barakaldo fue desde siempre una ciudad industrial, obrera, pero hoy en día tiene unos cuantos parques y espacios verdes. Y uno de ellos frente a casa, nada menos, que desde el cuarto piso tenemos unas vistas que no son de desdeñar.

Así que mientras suenan las campanadas de la iglesia, yo los dejo con unas pocas fotos de la Plaza, y del apartamento, y con la promesa de más. 



miércoles, 29 de abril de 2009

viernes, 24 de abril de 2009

4 días y más de 1.000 kilómetros por Navarra, 2da parte


A la mañana siguiente (creo que el sábado, pero no estoy seguro!) continuamos nuestro pueblo a pueblo navarro dirigiéndonos a Lumbier, una villa de menos de 2000 habitantes, donde compramos provisiones para el día. De allí, casi a tiro de piedra está la Foz de Lumbier, un desfiladero tallado por el río Irati, encajado entre paredes calizas verticales. Es un paseo muy interesante, con un gran túnel a cada extremo del camino, y un difícil sendero hasta los restos de un puente del Siglo XVI, en la desembocadura sur.

De la Foz de Lumbier fuimos a la Foz de Arbayún, un desfiladero tallado por el río Salazar, con paredes verticales de casi 200 metros. Es más espectacular, pero también más inaccesible, y sólo se puede apreciar desde un mirador lejano.


Pasado el mediodía, y ya con bastante hambre, nos fuimos a buscar una iglesia donde almorzar. Como nuestros almuerzos solían ser a base de bocadillos, y el tiempo invernal y lluvioso nos obligaba a buscar refugio, los arcos de las iglesias se convirtieron en escalas frecuentes para estos menesteres.

Así llegamos a Ochagavía, un pueblo al pie de los Pirineos verdaderamente precioso. El pueblo está partido al medio por un río, y desde casi cualquier punto se ven las montañas nevadas a lo lejos (y no tan lejos). Leo ahora que no hay población navarra que cuide tanto su aspecto externo ni que mantenga con tanto tesón la forma tradicional de hacer las casas: estructura de madera y paredes de piedra. Y puedo decir que ese cuidado vale la pena, porque quedamos asombrados y enamorados con lo que vimos.


De allí nos fuimos a Isaba, un pueblito que ya prácticamente no recuerdo (creo que es famoso por sus quesos). Tiene la particularidad de tener una Casa de la Memoria. Para llegar a la Iglesia hay que subir bastantes repechos, y como estábamos con la panza llena, optamos por seguir camino. La siguiente etapa fue Burgui, un pueblito al pie del río Esca con un extraño puente medieval inclinado. Cruzando el puente, un par de senderos para gastar las botas nuevas y alejarse del (poco) movimiento de la zona. En el camino nos encontramos con una almadía, balsa hecha de troncos de madera, cuya función es la conducción de los propios troncos por los ríos desde los bosques hasta los puntos de carga para su transporte hasta las serrerías. A juzgar por el tamaño de la balsa, y por la velocidad con la que bajan los ríos, no pudo ser nada sencillo de hacer.


Ya volviendo a casa, pasamos por el Embalse de Yesa, un enorme pantano (así es como les llaman acá, para nosotros sería algo así como una laguna) al que nos prometimos volver en verano, porque pinta bárbaro para darse unos buenos baños. Y cayendo la noche, un pequeño desvío nos llevó hasta el Castillo de Javier, del siglo X. Ya hacía mucho frío y estábamos bastante cansados como para darle mucha bola. El hostal, y la txistorra antes mencionada nos llamaban.

Uf, a todo esto recién llegábamos al domingo. Quedaba mucho para ver! Por la mañana nos propusimos arrancar en dirección norte, hacia el Parque Natural del Señorío de Bértiz donde volverían a tomar protagonismo los chubasqueros. Pero antes, había que salir de Pamplona… el problema de hacer ruta de pueblitos es que las autopistas te dan las salidas hacia los grandes destinos, pero cuando uno busca cómo llegar a un pueblito perdido, esquivando las autopistas (y sus peajes) la cosa se complica… estuvimos un buen rato hasta encontrar la bendita N-240, sin saber si tomar dirección Francia o Donostia… rotondeando sin fin hasta encontrarle un sentido al mapa… y finalmente tomando caminos bastante ‘marginales’ hasta encontrar nuestra ruta. Pero era todo parte del viaje, y el que más sufrió fui yo porque a esa altura me había hecho casi dueño de los mapas, y me estaba jugando la reputación (Gema me defendería a ultranza, pero esa mañana quedé bastante pegado!).

La Oficina de Turismo del Parque de Bértiz nos hizo apreciar un poco más todas las Oficinas por las que habíamos pasado hasta ese momento (fue, junto con las Iglesias, el destino imprescindible de cada pueblo). Ésta en particular, a pesar de tener la “Q” de calidad, fue la más decepcionante, y la guía casi nos lleva al sopor total sobre el mostrador. Poco sacamos en claro, y nos fuimos a discutir sin fundamentos mientras desayunábamos y nos comíamos un buen pintxo en Elizondo, pueblo famoso por su chocolate, y que ese domingo atravesamos más veces que las que hubiéramos deseado. De Elizondo otra vez a Bértiz, a dar una vuelta por el mentado Parque que resultó ser mucho más grande que lo que pensábamos. Nos cansamos de pasear hasta que encontramos un sendero al costado del arroyo y la cosa se puso interesante otra vez. Hubo que cruzar el arroyo, y hasta hubo momentos de incertidumbre (el día empezaba recién, y pasarse las horas con los pies mojados hubiera sido un gran garrón).

Para cuando volvimos al C4 había parado de llover, y hasta quería salir el sol. Volvimos a la ruta, y otra vez atravesamos Elizondo en dirección norte, hasta llegar a Erraztu. Allí tuvimos que preguntar a un parroquiano cómo llegar a Gorostapolo, el pueblo que nos habían recomendado por un sendero que terminaba en una cascada. Tomamos un camino muy poco transitado, y 10 minutos más tarde estábamos en un pueblito de 4 casas. Allí bajamos del auto y nos impregnó un fuerte olor a campo (léase: bosta). A la salida del pueblo se abría un sendero sinuoso en el que pronto comprobamos que las botas habían sido la mejor compra posible ese fin de semana. Qué placer poder andar despreocupadamente por el barro… fue una caminata ardua pero muy interesante, y fue una pena que la cascada, xorroxin, no pudiera verse del todo entre los árboles.


A la vuelta, retornamos a Erraztu porque la Iglesia se veía más apropiada para almorzar, y de allí nos fuimos a un bar (el único que encontramos) a tomar un café y jugar a las cartas, como buenos domingueros.  Este bar era un tanto particular… probablemente una herriko taberna, y fue extraño, aunque sólo hasta entender su particular lógica, escuchar música de Silvio Rodríguez, la Negra Sosa, León Gieco y otros intérpretes americanos. Todavía estábamos en Navarra, pero la cercanía con el País Vasco era patente. A las 5 de la tarde empezaba el partido entre el Osasuna y el Athletic, en Pamplona, y en ese bar, a mitad de camino entre Pamplona y Bilbao ni siquiera se dignaron a poner el partido en la televisión, que se quedó fija en Etb1 (el canal oficial vasco que tiene el 100% de su programación en Euskera).

Con el partido de a ratos en la radio del auto, seguimos viaje hacia el norte, con intenciones de pasar por las cuevas de Ikaburu, Zugarramurdi y Sara, y pasar a Francia. Pero hete aquí que a menos de un kilómetro de la frontera nos encontramos con un terrible embotellamiento. El lunes era feriado en Navarra y el País Vasco, pero no así en Francia, y parece que muchos franchutes estaban retornando a casa, o simplemente habían pasado la frontera para comprar en un supermercado enorme que había en la ruta, y que probablemente les resultaría más conveniente. Tras media hora de espera tuvimos que dar la vuelta y desandar el camino, pasar una vez más por Elizondo (aunque esta vez sí compramos su famoso chocolate, y valió la pena) y volver al Hostal sin muchas ganas de salir a buscar cena. Escenario ideal para encargar unas pizzas y ver la tele un rato.

El lunes Lore y yo volvimos temprano a casa. Al C4 le esperaban aún algunas aventuras por Francia antes de pasar por el lavadero para ser devuelto en condiciones. Fueron más de 1.000 kilómetros de excelente servicio, por cierto, y un montón de historias para recordar.

martes, 21 de abril de 2009

4 días y más de 1.000 kilómetros por Navarra

Happy Easter con poco chocolate y sin huevos por acá. Cuestión de costumbres. Tampoco Semana de Turismo pero sí Semana Santa, muy Santa con procesiones de hombres descalzos y disfrazados de Ku-Klux-Klan (con perdón, pero es que es very strong). Creepy, as a matter of fact. Y si no, vean:

Eso fue el Domingo de Ramos, pero los feriados acá van del jueves al lunes (acá y en algunas otras Comunidades hay lunes de Pascua, aunque no me lo explico bien) y nosotros aprovechamos para irnos de vacaciones a Navarra. Alquilamos un auto y anclamos en Pamplona, para desde allí hacer un tour por los más variados y pintorescos parajes y pueblitos que se puedan imaginar.

El primer día fuimos hacia Tudela, al sur casi rozando Aragón, y por ende la zona menos vasca de toda Navarra. Yo no lo tengo muy claro pero hay reivindicaciones históricas que claman por Navarra como parte del País Vasco, y la cosa parece estar un poco dividida. Cuanto más al norte más euskera y más ikurriñas; cuanto más al sureste más castellano. Mucho que ver con la historia, bastante que ver con la geografía y la política, sin dudas.

El caso es que en Tudela, tan al sur, la ikurriña que vimos en la plaza casi me sorprendió más que los nidos de cigüeñas en los campanarios. Qué bichos grandes las cigüeñas! Y qué ruido raro que hacen…

Desde Tudela nos fuimos al Parque Natural de las Bardenas Reales, una zona semidesértica que supongo es lo más parecido al Cañón del Colorado que se puede encontrar por estas latitudes. Por un momento, breve, fue posible lograr eso que es casi impensable por aquí: estar en un lugar 100% natural (para mejor un desierto, nada menos), y sin gente alrededor. Estuvo muy bien.

Las Bardenas Reales también supusieron uno de los mejores momentos del viaje para mí, ya que había un camino de tierra de unos cuantos kilómetros para rodear el parque, y yo aproveché para manejar un rato y sacarme (un poco) las ganas.

El día siguiente fue el que pasamos más tiempo en Pamplona, y también fue el día en que más llovió, así que los chubasqueros salieron a pasear con nosotros. El tiempo no nos ayudó nada, la verdad, y Pamplona tampoco era el objetivo del viaje. Recién ahora abro uno de los tantos folletos turísticos que nos trajimos, y veo que hay un montón de cosas que no vimos. De lo que sí vimos quedaron algunas fotos. Lo que sí me traigo de Pamplona son los recuerdos del Hostal (ir de un piso a otro porque Lore y yo estábamos en el 4to y las chicas en el 3ro, o hablar de ventana a ventana), las comidas en sitios extraños (el almuerzo en un restorán truculento, donde había que atravesar un primer piso lleno de borrachos; un almuerzo en un café que seguro haría acordar al viejo Sorocabana por lo amplio y señorial, y donde nos clavaron con un jugo de naranja carísimo; cenar unos pintxos en un boliche, y probar la típica txistorra con un buen tinto, como me aconsejaron), y la gente que a la menor pregunta que le hicieras, se largaban a hablar por media hora y no había cómo callarlos…

De camino a Pamplona habíamos pasado por Olite, un pueblo famoso por su Castillo-Palacio medieval. Olite es la capital del vino, aparentemente, pero sólo estuvimos por la mañana, así que no lo pudimos comprobar fehacientemente. Así que menos vino, pero más fotos para ver.

Queda mucho viaje por delante, luego sigo.

jueves, 2 de abril de 2009

Puzzling Granada

Esto del turismo express está complicado si uno quiere jumpear into conclusions. A juzgar por las 5 o 6 horas de ayer hubiera descrito a Granada como una ciudad consumista y concheta hasta el absurdo (en dialecto local: megapija). 


En las 6 o 7 horas de hoy vimos otra de sus caras, megaturística pero también muy hippie y también mora. Y una y otra casi sin puntos de contacto. 


Y con la sospecha de una Granada cotidiana que supongo interesante, pero que apenas pude vislumbrar.

lunes, 23 de marzo de 2009

Reflexiones, más financieras que granadinas

Luego de 1 día y medio en Granada ya ni me acuerdo del día en Sevilla, ayer nomás. Ahora, en el bondi que nos llevará a Córdoba, me anima a escribir un ciego que contaba los asientos para ver dónde le tocaba sentarse, seguido de su lazarillo. Sin dudas le servirá de gran ayuda aunque no pueda avisarle dónde tiene que sentarse. Está bastante más atrás así que no sé si al perro le asignaron un asiento... supongo que si.

¿Y si el perro se mea? ¿Dejará muchos pelos en los asientos, que son afelpados? ¿Los limpiarán? ¿Y si el próximo en usar el asiento es alérgico? cuántas preguntas sin respuesta...

. . . . .

En 2 horas llegaremos a Córdoba. Esta mañana subimos a la Alhambra, que es impresionante. Entre otras cosas supimos que unas 8.000 personas la visitan al día. Fueron 3.100.000 el año pasado, aproximadamente (es el monumento más visitado de España, al parecer, y debe ser el que más recauda porque las cuentas nos suman unos 36 millones de euros al año, roughly.


Mientras echo un último vistazo a la Sierra Nevada, continúo con las matemáticas: Inma, nuestra guía hoy nos dijo que la Alhambra no deja ganancias pues esos ingresos se destinan a pagar al personal y para tareas de restauración. Fair enough. Claro que ese cálculo no contempla los ingresos que suponemos privados de las empreses destinadas a la visita guiada. Otro cálculo rápido me sumó 720 euros de ganancia por la visita de hoy (20 personas en el tour en español), en la que participaron 3 personas: Inma, otra guía y el chofer del minibus que nos llevó. 

Espero que se hayan llevado una buena tajada, pues el trato prodigado lo merece. Pero he de admitir que por un momento pareció un filón lucrativo y tentador.

sábado, 21 de marzo de 2009

Ilustres visitantes

Hoy empieza la primavera, y yo desde pleno invierno vengo masticando esta entrada… puedo y debo atestiguar que papá estuvo de visita en el País Vasco, justo cuando los primeros almendros bilbaínos hacían esperar una primavera aún lejana en el calendario, y a mí me recordaban a aquellos que vimos en Girona, con Quima, hace poco más de un año. Señalan que la primavera está cerca, nos dijo, así que no es raro que ilusionen.

Mientras Nella celebra por allá el comienzo del otoño (hay gustos para todos!) yo recuerdo que el primer día de papá en Bilbao fue sorprendentemente gentil, y aproveché para empezar a cansarlo bien (!!!) con un tour intensivísimo por la geografía del Botxo. No teníamos la cámara con nosotros, pero no creo que se haya olvidado de la subida a Begoña, de las vistas de Artxanda, de la gran huella, o del ZubiZuri.

Habría tiempo para volver a ver todo eso más adelante, pero al día siguiente nos fuimos a Andalucía, donde la primavera se refugia del calendario y se instala, tranquila y suave, mucho antes que en el recio y lluvioso norte.

Allí recorrimos Sevilla, Granada y Córdoba en poco más de 4 días… turismo express que le dicen, del que nos quedamos con algo más que las muchas vistas y los huesos cansados gracias a Inma y Paqui, las guías de La Alhambra y la zona patrimonial de Córdoba que nos iluminaron con su gran solvencia y capacidad de desasne.

Los recuerdos recién se acomodan, como me dijo papá hace unos días (y aunque el blog viene con el atraso de siempre, también se están empezando a acomodar recién ahora para mí), pero habrá más novedades para este boletín.

Entretanto, pasen y vean las fotos de Sevilla, Granada, y Córdoba.

martes, 10 de marzo de 2009

Hola amigo!

Había prometido una curiosidad, y aquí está: ahora que nuevamente trabajo con niños (virtualmente, sí, pero son tantos que se hacen notar) hay dos frases que me ha tocado leer mucho más que antes: "I love your name" y "Go Diego Go!!!".

Dicen que dos son coincidencia pero tres son multitud, así que cuando fueron más de tres veces sospeché. Como se trataba de niños pensé que podría deberse a alguna secuela de "La era del hielo" que no hubiera visto (el tigre se llama Diego, para quien no lo sepa). La realidad era mucho más infantil aún, como verán:



Qué duro es ser famoso...

sábado, 7 de febrero de 2009

All work and no play…

Superado el trigésimo sexto día de trabajo consecutivo, disfruto mi merecido día libre con poca agenda y menos apuros. Qué placer levantarse a la una y media, sólo para tirarse en el sofá a ver un poco de fóbal mientras se levanta la vaskita, que tiene mucho más sueño atrasado que yo.

Siempre me acuerdo de Laura cuando me contaba su fascinación (o tal vez otra sensación parecida) con la capacidad onomatopéyica del inglés, manifestada cabalmente en palabras como shit, fuck, blurp, y tantas otras. Suenan exactamente a lo que significan, verdad? También lo dice Manning, en el sorprendente y excelente Las malas palabras bilingües, cuando habla de la historia del inglés y su proceso histórico que tomó del francés y el alemán lo que necesitaba, pero manteniendo siempre su practicidad.

Todo esto porque All work and no play makes Jack a dull boy siempre me pareció de lo más dull del refranero inglés, y sin embargo, al final de estos 36 días se me venía constantemente a la cabeza, y era yo el que me sentía dull, tanto o más que el propio refrán… raro, no? O simplemente consistente.

Pero bueno, ya está, ahora a recargar las pilas y a aprovechar los vaivenes de este laburo que me va a obligar a un respiro en las próximas semanas, parece.

De momento, les dejo otra curiosidad, especial para los que siguen CSI Las Vegas: ¿sabían que Grissom vivió en el País Vasco? Vean sino:



Hasta la próxima curiosidad.

sábado, 24 de enero de 2009

Empiria de difícil constrastación

Luego de una interesante noche por el Casco Viejo ayer, desafiando al ciclón, y sufriendo la fuerza de la gravedad en carne propia, puedo afirmar sin miedo a equivocarme una verdad científica que pocos se habrían animado a experimentar: el kalimotxo en los ojos, ARDE.

Otras partes de mi anatomía y vestimenta también sufrieron el embate, como puedo documentar.


Seguiremos informando.

viernes, 9 de enero de 2009

Coges a quien quieras!

Con la llegada de los Reyes se terminó el periodo festivo, aunque ahora ya estamos en plena temporada de rebajas, que parece también ser un hito de importancia para muchos (incluidos todos los informativos que lo pusieron como nota de portada el 7 de enero).

Fueron interesantes las fiestas, hay que decirlo. Y peculiares, como no podía ser de otra manera.

En Nochebuena, en el País Vasco se festeja la llegada del Olentzero, un carbonero viejo, gordo, un poco mugriento y borrachín que baja del monte a la ciudad en Nochebuena (antiguamente era durante el solsticio de invierno). En Astrabudua, donde estábamos, estaba personificado por un hombre que iba lanzando caramelos y confeti a los niños, sentado en una carreta tirada por bueyes, y precedido de un grupo de ovejas. También iban desfilando un grupo de niños tocando música tradicional. Felipe, Lore y yo llevamos a Irati a ver al Olentzero, y más tarde, durante la cena, el Olentzero tocó el timbre en casa para dejarle a Irati unos cuantos regalitos.

Me imagino que la historia habrá sido bastante similar en muchos hogares del País Vasco, y que a pesar de la tele, la decoración navideña y el bombardeo generalizado, Papá Noel no lo tiene tan fácil por estas tierras.

En fin de año (aquí por todos llamado Nochevieja) la tradición de la noche son las uvas. Una uva por cada una de las 12 campanadas de medianoche. Hay tradiciones tristemente asociadas a ésta, como soportar a Ramón “Qué apostamos” García transmitiendo en directo desde la Puerta del Sol.

Nosotros estábamos en plena charla y no nos enteramos que se nos venían las uvas… yo arranqué por la cuarta campanada aprox., y sólo llegué a las 8 uvas. No tengo claro si tendré suerte solamente hasta agosto, o si por el contrario mi prosperidad comenzará recién a partir de abril. Lo voy a tener que llamar a Ramón para preguntarle.

Finalmente Reyes, que es una celebración más extendida por aquí que lo que se estila por allá. Para empezar, el 5 de enero se hace la cabalgata de Reyes, un desfile de carrozas algo parecido al desfile de Carnaval, pero que en Erandio era un poco más modesto, como es natural. Para peor esa tarde estaba particularmente frío y lluvioso, y los pobres pibes de las carrozas (los niños iban disfrazados de duendes, hadas, gnomos, y hasta pitufos) se deben haber ensopado. Luego de la cabalgata el Ayuntamiento (o tal vez el Colegio, no sé) sirve chocolate caliente para todos los parroquianos que quieran acercarse a tomar una tacita. Por supuesto el lugar es un hervidero de abuelos (lo digo en una buena…) y nosotros ni nos acercamos. En lugar de ello nos fuimos de poteo por los bares, que estaban todos a reventar (y esto en el 5 por la tarde, que supuestamente no es feriado… pero acá ya saben que nunca se rechaza una buena fiesta).

Lo mejor de la noche para nosotros venía más tarde, pues los amigos de Lore de Erandio (la peñis) tienen la tradición de jugar al amigo invisible la noche del 5 de enero. Luego de la cena entregamos los regalos “de verdad”, y un rato más tarde empezamos a jugar por los regalos “de coña”. La consigna era sencilla: además de los regalos de verdad había que comprar tres regalos extra, lo más baratos e inútiles que fuera posible, y éstos nos los jugábamos en un bingo u otro juego de azar.

Arrancábamos cada uno con sus tres regalos, y nos los jugábamos con un dado y reglas sencillas. Con el 1, pasas uno de tus regalos al que está a tu derecha; con el 2, lo pasas a tu izquierda; con el 3, coges un regalo de tu derecha; con el 4, coges a tu izquierda; con el 5, das uno de tus regalos a quien quieras; y por supuesto, con el 6, coges a quien quieras (cómo me divierte el idioma español!!!).

Luego de dos o tres rondas de dados, lógicamente ninguno tenía ya ninguno de sus regalos originales, por lo que procedíamos a abrir los que tuviéramos. A mí me tocó una bonita cadena de perro, que no me quedaba del todo mal como colgante, he de decir. Además recibí unas velas aromáticas, y un tarrito con plastilinas que Irati recibió a su vez como regalo de Reyes el día después. Ander tuvo la mala fortuna de abrir uno de mis “mejores” regalos, un paquete de pegotines con las letras del alfabeto… sólo que incluía nada más que las letras hasta la J. Alguien que me diga pa’qué cornos sirve eso…

Igual ése no fue el mejor regalo ni de cerca… había un paquete con forma de jamón que terminó siendo una pala de escoba, y una caja grande de cartón que fue la estrella de la noche. Unos hablaban de un microondas, otros de un conejo despedazado, pero nadie quería quedársela; al final fue Karol quien la abrió y descubrió que dentro había un imán de heladera con forma de langostino. Fue una noche divertida.